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Dic

Misa indígena de la Novena de Caacupé – 4 de Diciembre 2022

  • Tema: Los laicos, comprometidos a vivir la misericordia con los más vulnerables. Defensa de los pueblos originarios y la escucha del clamor de los pobres, excluidos y descartados.
  • 1ª lect: Is 11,1-10: juzgará a los pueblos con justicia
  • Sal 71: Q en sus días florezca la just y la paz
  • 2ª lect: Rom 15,4-9: Cr salva a todos los hombres
  • Ev: Mt 3,1-12: conviértanse

Homilía

Queridas hermanas laicas y hermanos laicos todos,

Y muy especialmente hoy: queridas hermanas, queridos hermanos indígenas, quienes son los invitados de este día de la novena.

Queridos hermanos obispos:

  • Mons. Ricardo como óga jára,
  • Mons. Lucio, con tantos años dedicados a la Pastoral indígena,
  • Mons. Pedro, hermano y amigo, amigo también de los indígenas, quien preside esta santa misa,

Queridos hermanos sacerdotes y diáconos,

Queridas hermanas y hermanos religiosos y consagrados,

Aprovecho también para saludar de manera calurosa a todos los que habitan nuestro querido Vicariato Apostólico del Pilcomayo, que me es confiado ahora, y que muchos nos están viendo y escuchando ahora: sacerdotes, hermanas y hermanos religiosos, consagradas, toda la feligresía; y también hermanas y hermanos de otras denominaciones que estén atentos.

Nuestro tema de la novena hoy es:

  • Los laicos, comprometidos a vivir la misericordia con los más vulnerables. Defensa de los pueblos originarios y la escucha del clamor de los pobres, excluidos y descartados.

Nos habla, entonces, de los más vulnerables. Son muchos, en los cuales podemos pensar:

  • Las niñas y los niños, sobre todo, los que no pueden crecer dentro de una familia bien constituida. Más todavía, niños abusados.
  • Enfermos, sobre todo los que carecen de los medios y cuidados necesitados.
  • Ancianas y ancianos, cada vez más abandonados a su propia suerte.
  • Los que no disponen de “las 3 T”, de las cuales nos habla nuestra Papa Francisco: Techo – Tierra – Trabajo[1].

Para todos ellos, una mano abierta, estrechada representa esa misericordia, mencionada en el tema, compromiso para los laicos.

Hoy, este nuestro tema dirige nuestra atención de manera específica al grupo de vulnerables, que son los “pueblos originarios”, los indígenas – presentes acá entre miles. Este año recordamos que ya son 35 años, que acuden durante la novena a la Virgen de Caacupé, en número cada vez más grande; de nuevo nuestra calurosa bienvenida para ellos.

  • Ellos representan a 120.000 indígenas en todo el país – esperamos que el reciente censo nos dé los números más actualizados.
  • Representan a los muchos que no tenían la posibilidad de venir; muchos nos están viendo o escuchando ahora por los medios de comunicación, a las cuales agradecemos este servicio; y a estos indígenas saludamos también de todo corazón.
  • Representan también a los que no han experimentado todavía el amor de nuestra Madre, la Virgen de Caacupé.

Es cierto,

  • que muchos de ellos son pobres materialmente – aunque ricos en historia, costumbres, conocimientos;
  • que muchos son excluidos
  • de formación académica – aunque tienen su propia lengua y enseñanza;
  • excluidos también de un acceso más direct0 a la toma de decisiones – aunque tienen su propio sistema de convivencia y liderazgo.
  • Y cuántas veces son descartados: despojados de sus tierras y de sus bosques. ¡Dónde no hay abuelos que se acuerdan como de repente aparecieron alambrados dentro de su territorio, formando estancias! O de las más de 30 comunidades guaraníes desaparecidas bajo las aguas de la represa de Itaipú…

Y lo increíble es que siguen hasta hoy los desalojos, muchas veces con una desmedida violencia, destruyendo casas, lugares religiosos y chacras de los humildes indígenas – y, ¡encima robando sus pocos bienes que poseen, dejándolos sin nada, pero sí: dejándolos con sus criaturas llorando en la calle! Como hace poco, a la comunidad “15 de Enero”. O la comunidad de Ka’a Poty. Que son sólo ejemplos, porque hay muchas más comunidades:

  • comunidades, donde llevaron preso a varios padres de familia;
  • comunidades, donde hay superposición de títulos.

¡Y no es solución, llevar a las familias temporalmente a tierra alquilada!  

Aníkena ñanembotvy: el hambre de tener más y más tierra para algunos – sobre todo con la actual fiebre de la sojización – siempre va en detrimento de los indígenas. ¿Y dónde queda el compromiso del Estado de asegurar tierra para las comunidades indígenas, como reza nuestra Constitución Nacional[2]?

Y después, ¡nos quejamos si los indígenas aparecen en las plazas en Asunción! ¿Cómo se puede explicar, que, en nuestro país, no se pueden parar las violencias y robos en los barrios; que no se puede frenar de una vez al EPP y todos estos grupos terroristas, quienes ahora ya están matando también a indígenas (como hace poco en la zona de Concepción); que no se logra encontrar después de años a nuestros hermanos secuestrados; pero sí – se puede disponer de cientos de policías para desalojar a pobres indígenas indefensos? ¿Dónde está la misericordia de los laicos?

¡Chembyasy, chermanokuéra! A mí, me dan ganas de llorar.     –   –   –

En esta situación, y delante de nuestra Madre, la Virgen de Caacupé, tenemos realmente la necesidad de escuchar la Palabra de Dios.

Las imágenes del profeta Isaías en la primera lectura son fuertes y elocuentes. Ya en la primera frase nos habla de un tronco. E inmediatamente, me hace pensar en tantos troncos, que hemos visto:

  • Sobre los camiones que transportan el Palo Santo, supuestamente especie protegida…
  • Tantos troncos caídos en el monte – donde hace poco todavía se encontraba el espeso bosque natural.
  • Y también los troncos que quedan de los territorios violentamente desalojados.

Pero quizás también podemos pensar en los “troncos caídos” en otro sentido: ¡quisiéramos ver tantos asesinos, ladrones, asaltadores, violadores, narcotraficantes caer como troncos! Son demasiado pocos que se “caen”. Necesitamos que se “hará justicia a los débiles y se defenderá el derecho de los humildes del país”, como ya lo exigía el profeta Isaías, miles de años atrás. No hemos avanzado mucho… Parece que estos males rebrotan mucho – pero no rebrota todavía el “tronco de Jesé”: Todavía no brota la esperanza para los que sufren injusticia, para los más vulnerables y necesitados.

Y sigue Isaías soñando:

  • El sueño de una convivencia pacífica: donde pueden convivir amistosamente
  • Ucranianos y rusos – si pensamos a nivel universal;
  • Y tantos otros vecinos…;
  • terratenientes e indígenas – ya pensando más en lo nuestro;
  • patrones y empleadas, empleados;
  • policías y campesinos.  –
  • Gracias a Dios tenemos ejemplos que eso es posible.         

 

  • Y siguiendo con Isaías: el sueño de poder vivir sin miedo:
  • donde ya no manda el crimen organizado, a veces en tranquila connivencia con autoridades políticas;
  • donde podemos caminar en cualquier parte de nuestro Paraguay sin estar al acecho de motochorros y tortoleros.
  • El sueño, donde las diferencias no crean divisiones, sino complementariedad, con respeto a pautas culturales distintas.

 

Vivir la misericordiacon los más vulnerables, significaría entonces,

  • no enjuiciarlos;
  • que no tengan que esconderse;
  • que no tengan que fingir de ser algo diferente;
  • que no tengan que buscar “padrinos” para vivir;
  • que no tengan que vender hasta lo más necesario para poder sobrevivir.

Que los pobres sean escuchados

  • sin necesidad de ocupar plazas y calles;
  • sin tener que recurrir a cierres de rutas para conseguir lo necesario; y conseguir que se cumpla lo prometido.
  • Que quede claro, sobre todo en este clima electoral: No se puede mentir, engañar, prometer en vano – a nadie; ¡y mucho menos a los pueblos indígenas!

Que ellos sean defendidos

  • No desalojados;
  • No presentados como problema,
  • Como lástima,
  • Como molestia o plaga,
  • Como subdesarrollados.                           –           –           –

Gracias a nuestra Papa Francisco, que siempre se ha colocado al lado de los más vulnerables y defendido a los indígenas y su derecho a su tierra, cuando dice: “La tierra es un regalo del cielo”; y que los indígenas, “cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos los que mejor los cuidan” (LS 146). Que tanto necesitamos cuidar mejor nuestra “Casa Común”, más cuando vimos en la reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP 27, que lentos y renitentes son nuestros políticos. En este contexto felicitamos la fundación de la nueva Red Eclesial del Gran Chaco y del Acuífero Guaraní, ocurrida en nuestro Paraguay, hace apenas algunos días.

Gracias también a nuestros obispos quienes toman una postura clara en su último mensaje: “Otra situación que nos duele e indigna, es la situación de la tierra y los territorios de los pueblos indígenas y asentamientos campesinos. No es posible continuar permitiendo la acumulación de tantas extensiones de tierras en manos de unos pocos y despojar a una gran mayoría de la posibilidad de soñar y desarrollar una vida digna sobre tierras aseguradas legalmente.”

“No podemos seguir asistiendo a los continuos desalojos de las comunidades indígenas, como la que sufrió la población indígena de “15 de enero” de Caaguazú últimamente. … ¿Por qué algunos consiguen que el aparato estatal esté siempre a su servicio atropellando vidas ajenas y de inocentes y otros tantos nunca son escuchados en sus reclamos urgentes pidiendo justicia?”[3]

Gracias a nuestro flamante Cardenal Adalberto, quien nos recuerda que tenemos que “…anunciar a Jesucristo y la Buena Nueva del Reino de Dios, denunciar las situaciones de pecado, las estructuras de muerte, la violencia y las injusticias…” (Card. Adalberto Martínez)[4]. Obispos y consagrados, junto con los laicos, todo el pueblo de Dios en sinodalidad.                                    –            –           –

San Pablo, en su carta a los Romanos, que escuchamos como segunda lectura, retoma los puntos clave:

  • Cuando alaba a Dios por su misericordia
  • Para que también ésta rija entre nosotros;
  • Que nos aceptemos mutuamente
  • Con todas las diferencias que puede haber
  • Por razones culturales: como en el caso de los indígenas;
  • O por razones económicas: como en el caso de los pobres;
  • O también por conceptos políticos diferentes.
  • Quizás nos abrumen tantas necesidades, tantas cosas que no están bien. Pero en esta situación, nos anima el Evangelio de hoy:
  • Todo es posible con un cambio muy grande:
  • La conversión de la cual nos habla el Evangelio, tema presente persistentemente en este tiempo de Adviento; la conversión –
  • No sólo a nivel moral – que siempre la necesitamos;
  • Sino también a nivel de mentalidad: que todavía pensamos en esquemas donde el que más ostenta parece ser de más valor, importancia;
  • Y también a nivel de nuestro manejo del medio ambiente, de la naturaleza
  • Que la explotamos sin consideración;
  • Como si fuera ilimitada en sus recursos;
  • Que la ensuciamos, envenenamos sin piedad.

Y allí quisiera dirigirme directamente a ustedes, hermanas y hermanos indígenas. Escucharon que el Papa les tiene mucha confianza y esperanza: que ustedes saben cuidar nuestra “Casa Común”, nuestro mundo. No se dejen entonces engañar:

  • ¡No hagan negocios al margen de la ley con el Palo Santo, con los árboles, que son su riqueza!
  • ¡No alquilen su tierra a vecinos, que así los explotan! ¡Porque arriesgan la soberanía sobre sus tierras! El día de mañana, ya van a tratarla como si fuera tierra suya…
  • Y, ¡no se peleen entre sí; no se aprovechen entre sí! Más bien, ¡dennos ejemplo de una vida comunitaria como hermanas y hermanos! Necesitamos estas experiencias de ustedes, como laicos, en este Año del laicado.
  • Lo que esperamos y necesitamos de ustedes: que nos muestren que el “Buen Vivir”, esta experiencia ancestral de ustedes, es mucho más grande, más válido, más justo que el “vivir bien”, al cual nos quiere seducir el consumismo.

¡Que la Virgen, Tupasŷ Caacupé, Madre de la Misericordia, nos ayude y acompañe! Para no cansarnos de buscar juntos, caminar juntos, rezar juntos – en sinodalidad pues – construyendo este Paraguay Jaipotáva; este Paraguay, que queremos y merecemos, como una porción preciosa del Reino de Dios.

Ave María Purísima.

[1] Fratelli Tutti 127; DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO MUNDIAL DE MOVIMIENTOS POPULARES (2014).

[2] Art. 62ss.

[3] Mensaje del 4 de noviembre 2022.

[4] En su Carta Pastoral 2022, p. 16