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Oct

Mensaje final de la Semana Misionera 2020

Atyra, 29 de octubre de 2020

Hemos llegado desde los 4 puntos cardinales de nuestro Paraguay a Atyrá, donde se palpa la presencia del Creador en la naturaleza y en el arte. Nos convocó el deseo de estar en la 47ª Semana Misionera de la CONAPI. Escuchamos y sufrimos los gritos de la tierra y de indígenas atropellados y desalojados; y exigimos el cese.

El Coronavirus, que nos hizo esperar tanto tiempo, no pudo impedir nuestro anhelado encuentro anual. Los tapabocas no pudieron atajar las palabras que brotaron de nuestros corazones; compartimos los sueños, inspirados en los sueños que nuestro hermano mayor, Papa Francisco, nos presenta en su carta “Querida Amazonía”. Renovamos nuestro compromiso de querer construir el “Buen Vivir” junto con los pueblos indígenas.

Hicimos memoria del camino recorrido, todavía en el marco de nuestro cincuentenario. Vía Zoom y Facebook pudimos presentar nuestro libro, homenajeando a varios de nuestros misioneros y misioneras de larga trayectoria, quienes hicieron posible nuestro acompañamiento hoy al lado de los pueblos indígenas.

Nos dejamos encender por el entusiasmo de Mauricio López, con su experiencia amazónica, desde la Red Eclesial Panamazónica REPAM hasta el Sínodo y su Documento “Querida Amazonía”. A partir de él, nuestros hermanos indígenas  nos abrieron ojos, oídos y corazones para una iglesia sinodal con dinamismo territorial. El camino para llegar a esta nueva eclesialidad implica 4 pasos: la metanoia radical – la otredad – el discernimiento – la parresía.

Los 4 puntos cardinales de nuestra convivencia fraternal y sororal fueron marcados por los 4 elementos: agua – viento – tierra – fuego. Alrededor de ellos vivimos momentos intensos de celebraciones, en intimidad con Dios-Tumpa y su creación.  La espiritualidad de los indígenas nos nutre e impulsa.

Como CONAPI sentimos la fuerza del Espíritu que nos anima a una conversión pastoral hacia una iglesia “reinocéntrica” según el documento del Papa. Es el kairos para vivir una iglesia sinodal, donde caminemos juntos con los pequeños. Estamos convencidos que los pueblos indígenas son los protagonistas de este proceso, con plena participación, asumiendo nuevos ministerios. Así podemos descubrir la presencia creadora de Dios Padre-Madre en la naturaleza, con la cual estamos conectados. Junto con los pueblos indígenas nos comprometemos a cuidar y defender nuestra “casa común”.

Con mucha esperanza, con nueva fuerza y firmes en nuestros compromisos volvemos a nuestros lugares para seguir construyendo nuevos caminos con los pueblos indígenas.