La Inmaculada y la Tierra sin Mal
La Virgen de Caacupé encierra no solamente milagros, sino también misterios. Uno de ellos quiero presentar acá: Dice Francisco “contemplar lo creado es también escuchar un mensaje” (L.S. 85). En la Inmaculada, Dios nos presenta el diseño original de su Creación. Cuenta la leyenda que ella protegió a un indígena por un árbol. A ella se le encuentra detrás del bosque: caaguy cupé. En la cosmovisión indígena, los seres humanos somos parte del cosmos, de la naturaleza, y la caacupeña demuestra en la leyenda al mundo occidental la plenitud humana, incluyendo la naturaleza del modo de ser y de actuar guaraní. Esta interdependencia entre naturaleza y humanidad revela una “sagrada trama de la vida” (Fridjov Capra).
Por otra parte, a nivel lingüístico, la leyenda presenta el resultado de un fructuoso y prolongado diálogo intercultural-interreligioso; probablemente entre franciscanos y guaraníes. Pues el resultado es la traducción genial del término “inmaculada” en yvy marane´y. Ambos expresan la plenitud en forma de ausencia del mal: María inmaculada está “llena de gracia” (Lc 1,28), mientras que yvy marane´y es la plenitud en una convivencia de parentesco entre tierra y humanidad, ya que nosotros “somos tierra” (L.S. 2).
Debe haber habido un gran respeto en aquel diálogo que hoy a veces falta. El Salmo nos recuerda a no olvidar “los delicados equilibrios entre los seres de este mundo…pues él lo ordenó y fueron creados, él los fijó por siempre y les dio una ley que nunca pasará” (Sal 148, 5b-6). Los guaraníes, en su regular aty guazú, intentan volver al orden del mundo con sus leyes de vida escuchando atentamente a uno de sus mitos de creación. Quieren volver a sintonizar con esos principios que se manifiestan en la creación y que están presentes hasta hoy en la naturaleza. A partir de allí re- planifican y reorganizan su proyecto de vida y renuevan su identidad.
La Tierra sin Mal, es asumida por la Inmaculada como Ley de Vida, haciendo memoria de nuestra unidad umbilical con la tierra, pues “Dios creó el hombre del polvo de la tierra”; y nuestra relación con la tierra es inseparable de nuestra relación con los humanos; entre todos debemos construir nuestra “casa común” junto con la naturaleza.
Francisco resalta que “todo está interrelacionado y el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (L.S. 70).
La caacupeña salvó a un indio perseguido y ella es salvada por otro indio. Aquí ella asume el principio guaraní de la reciprocidad, el jopói, al salvar y dejarse salvar. La reciprocidad es el principio de una convivencia ideal, el teko porá, el Buen Vivir. La caacupeña demuestra que se alcanza la plenitud de vida caminando juntos en el dinamismo de dar y recibir, buscando el mismo destino: la plenitud de vida que se refleja ya en su modo de caminar unidos. La Inmaculada asume este principio de reciprocidad en su propia historia, pues la imagen va de un lugar a otro.
La Tierra sin Mal, yvy marane´y, es el proyecto de Vida, lautopía con laque sueñan los guaraníes en esta tierra llena de Males. En el mito de los Gemelos, la Tierra sin Mal, yvy marane´y, está simbolizada mediante un jardín lleno de flores y frutos (abundancia de bienes), donde nadie les persigue y donde su madre está esperándoles.
En la Biblia la Inmaculada aparece “vestida de sol (luz), con la luna bajo sus pies (tinieblas)” (Apc 12,1) simbolizando la victoria del Bien sobre el Mal y finalmente habla de un jardín con el agua de vida y árboles a su orilla que dan frutos 12 veces al año y con hojas medicinales (Apc 22,2; Ez 47,12).
Tiene en su cabeza una coronilla de 12 estrellas; significando la diversidad articulada en unidad (12 tribus como Pueblo de Dios) complementándose mutuamente, sin perder su particularidad. Es la utopía hacia donde el Pueblo de Dios camina (iglesias autóctonas, cf. sínodo de la Amazonía) y a la vez el diseño de creación que comenzó con un jardín con árboles y con un manantial (Gen 2,6-9).
Ambos reflejan en sus proyectos de vida la búsqueda de convivir en equilibrio e igualdad (justicia) con la naturaleza y con todos los seres humanos.Estos proyectos de convivencia no se contradicen en absoluto, al contrario, se complementan.
Tanto el guaraní como el cristiano, se dirigen el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, hacia el bosque, “ca´aguy cupé” en largas caminatas al encuentro con Su Madre, algo profundamente humano.
Allí toma lugar el encuentro entre las dos culturas, que no es antagónico sino creativo y renovador para reconstruir la identidad de cada uno/una.
El guaraní busca la autenticidad y plenitud del ser humano (eté) igual que el cristiano. Por tanto, en vez de “enterrar” lo propio o “desterrar” lo ajeno, hay que “enraizarlo” lo otro en la medida que aporta más vida y a la vez “desterrar” todo lo ajeno que destruye la propia identidad.
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