16
Mar

Indígenas urbanos

Cazar animales en el bosque, pescar, bailar alrededor de una fogata, vivir en chozas y vestir prendas con plumas son algunas de las imágenes que evocamos al referirnos a los indígenas. Tal asociación tal vez sea válida para los aborígenes que habitan en el Chaco, pero en varias etnias de la región Oriental se han producido migraciones hacia las ciudades y así ahora tenemos un nuevo perfil de los pueblos originarios: el indígena urbano.

Se trata de un fenómeno que ya se ha dado en varios países. El avance permanente de los productores agrícolas y ganaderos hacia áreas rurales poco pobladas en algún momento tropieza con los asentamientos indígenas y genera una difícil relación de convivencia. En nuestro medio, los grandes cultivadores de soja “alquilan” ilegalmente tierras indígenas de la misma forma que lo hacen algunos colonos menonitas en el Chaco. Esto beneficia personalmente a los caciques, pero resta tierra a los aborígenes en general.

Además, en muchas reservas nativas la subsistencia económica es muy difícil; la caza y la pesca ya no son abundantes ni suficientes, en tanto los adolescentes y jóvenes tienen nuevas aspiraciones (educación, productos de consumo, entretenimientos) que solo pueden conseguir en las ciudades. Poco a poco, las nuevas generaciones van migrando a las zonas urbanas.

Solo en el departamento Central y en Asunción hay aproximadamente 20 pequeños asentamientos indígenas, algunos con terrenos y colegios propios, pero la mayoría todavía en forma precaria y sin respaldo legal. La urbanización induce a muchos niños indígenas a pedir limosnas en las calles y a las niñas a prostituirse precozmente.

Sería irreal e inviable plantear que estos grupos indígenas vuelvan a sus asentamientos originales en el campo. Quienes se instalan en los cinturones de pobreza en áreas urbanas ya tomaron una opción que no tiene vuelta atrás. Por tanto, la sociedad paraguaya tiene aquí un gran desafío: cómo integrar a los indígenas urbanos a las condiciones generales, sistema de vida, medio de subsistencia y normas legales de convivencia en las ciudades.

Hay dos problemas centrales que afrontar: cómo hacer que las etnias nativas no pierdan su identidad cultural al vivir en zonas urbanas y, por otra parte, cómo aplicar a estos asentamientos indígenas insertos en las ciudades las leyes especiales que los protegen y les otorgan privilegios –como las tierras comunales inembargables– en sus hábitats rurales. Las condiciones de vida en barrios periféricos de grandes ciudades son muy diferentes a las habituales de las zonas específicas del interior.

Claro que los paraguayos tenemos una larga experiencia en materia de fusionar diversas culturas por las sucesivas llegadas de inmigrantes europeos, asiáticos y de países vecinos. Es posible que los grupos indígenas que viven en las ciudades terminen fusionándose con sus vecinos barriales.

Antropológicamente no sería lo más recomendable, pero la existencia humana tiene sus peculiaridades y no siempre se ajusta a los preceptos académicos.

Por Ilde Silvero