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HOMILÍA DE LA MISA DE LOS INDÍGENAS EN CAACUPE – 01.12.2019

(Is 11, 1-10; Sal 71, 1-2.7-8.12-13.174; Rm15, 4-9ª; Mt 3, 1- 12)

Queridos hermanos y hermanas, indígenas, paraguayos y extranjeros que han llegado desde los lugares más lejanos junto a nuestra Madre, la Virgen de los Milagros de Caacupé y todos los que por radio y televisión, participan en esta hermosa fiesta. Estamos hoy aquí en esta misa, numerosos Indígenas y los que trabajan en la pastoral indígena, ya que celebramos este año 50 años de la CONAPI y queremos agradecer a Dios y a nuestra madre María por acompañarnos siempre. María nos llama a acercarnos a  Jesús y hacerle caso cuando Él nos indica el camino de nuestra vida personal, la vida de nuestra patria y la vida de nuestra Iglesia y más en concreto la convivencia entre todos y todas que habitamos esta patria, así como los que somos miembros de esta Iglesia.

Terminando el trienio de la Juventud iniciamos ahora “El Año de la Palabra” bajo el Lema general: “Nos ardía el corazón… cuando nos explicaba las escrituras”. Hoy nos toca reflexionar sobre el tema “La palabra de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. – Palabra de Dios y cultura. Jesús es la palabra de Dios, es la manera humana como Dios se hace entender, se revela, nos hace saber y sentir quién es El para nosotros, el Padre de Jesús es nuestro padre, el Dios-Amor. 

Al leer la Biblia hay darse cuenta que significa que todo un Dios se hace hombre y vive entre nosotros, camina por nuestros caminos, nos acompaña en nuestro caminar. Nace de una mujer común del pueblo en la pobreza de Belén, anda por las calles haciendo el bien y finalmente muere y resucita por nosotros para llevarnos a todos juntos a su Padre. Jesús nos invita a estar con El

Nos envía su espíritu y funda la Iglesia según el mandato de Dios que está involucrada desde su más auténtica identidad y comprometida con la causa del pueblo, que es la causa de Cristo que dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. 

Por eso como Iglesia de Cristo desde nuestra fe estamos comprometidos con el bienestar del pueblo con la convivencia pacífica intercultural, con la justicia social, con la paz y fraternidad entre todos, con la lucha por la igualdad de posibilidades y la solidaridad entre todos.

Dios no hablo a los hombres en forma abstracta, teórica. La palabra de Dios, Jesús, se hace carne en una cultura concreta, en un momento histórico preciso, asumiendo lenguajes, imágenes y expresiones vinculadas a las diferentes culturas.  Por esta razón el Sínodo de la Amazonía insiste en una conversión cultural como Iglesia de Cristo: Sólo una Iglesia misionera inserta inculturada hará surgir las iglesias particulares autóctonas, con rostro y corazón amazónicos, enraizadas en las culturas y tradiciones propias de los pueblos, unidas en la misma fe en Cristo y diversas en su manera de vivirla, expresarla y celebrarla”. Por lo tanto la Iglesia de hoy debe anunciar la palabra de Dios al mundo de hoy, con un lenguaje de hoy, de una manera que llegue al corazón del hombre de hoy y produzca una verdadera conversión.

En consecuencia la Iglesia está como Jesús comprometida con la causa del mundo de hoy: Se insiste en una conversión ecológica, la defensa de nuestra casa común devastada y explotada por inescrupulosos, la defensa de la vida de las personas en general (Ya se mató a más de 40 mujeres este año). La Iglesia está comprometida con la convivencia harmoniosa entre gente de las más diversas culturas. El compromiso social no es para nosotros una cosa adicional u opcional, sino es algo esencial, es la expresión de la misma fe vivida con autenticidad y radicalidad. Jesús mismo nos da las pautas cómo vivir esto.

Qué hermoso el ambiente que describe Isaías para el mundo, donde la gente escucha y entiende la palabra de Dios y la pone en práctica, se aplica la ley del amor de Dios: Numerosos pueblos dirán: “Vengan, subiremos a la montaña del Señor, a la casa de Dios. Nos instruirán sus caminos… No levantará la espada una nación contra otra, ni se adiestrarán más para la guerra.”: Un mundo de paz, de tranquilidad y seguridad. 

Pero nosotros, los humanos, cómo es nuestra convivencia entre personas de diferentes clases sociales, de distintas culturas, qué estamos haciendo con nuestra patria y los habitantes de esta hermosa tierra? Estamos realmente construyendo un país soñado por Dios y por nosotros mismos, un país en Paz?

San Pablo nos insiste: Es hora de despertarnos y darnos cuenta en qué momento vivimos y qué debemos hacer: Lo que a diario experimentamos es, que a menudo nos sentimos superiores frente a otros, o por saber más, por tener más poder o influencia política, por tener más dinero, por ser de tal o cual clan familiar de la casta superior. También despreciamos a otros por tener otro color de piel, por hablar otra lengua, por pensar diferente, por tener otra cultura y religión, otro modo de vestir o de alimentarse o simplemente por ser diferente de alguna manera. No hemos leído en la Biblia la palabra de Jesús: “El que quiere ser el primero, que se haga servidor de todos”.

Ser diferente clasificamos como algo inferior o peor e incapaz de participar o no ser digno de ser miembro de nuestro pueblo. Lo peor es que sólo lo sentimos sino lo expresamos en chistes, burlas o imágenes indignantes y con nuestro modo de relacionarnos y tratarnos. Qué dirá a todo esto el Hijo de Dios que se hizo carne?

Entre nosotros los pueblos indígenas son los que más sufren este desprecio, la burla, la indiferencia o la incomprensión. Son echados de sus tierras ancestrales y las instituciones del estado a menudo se niegan a defender eficazmente sus derechos y simplemente cumplir con la constitución nacional, porque los indígenas son considerados gente de segunda o tercera clase.  Son cuestionados también porque vienen a la ciudad como cualquier ciudadano, aunque esto antes también era su tierra. Son utilizados por narcotraficantes y abusados. Me pregunto, no nos ha creado Dios a todos a imagen de Él, todos muy diferentes pero con la misma dignidad de los hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

En medio de un mundo de tanto desprecio, luchas y rivalidades en medio de tanta violencia que experimentamos a diario: es una gracia, que entre personas de tantos y diferentes lugares, culturas y lenguas, podamos celebrar juntos aquí, unidos en la misma fe y animados por la misma esperanza. 

Pero esa es a la vez también un desafío y un compromiso para todos los pueblos, culturas y religiones que formamos esta patria y nuestra Iglesia. Dios mismo nos muestra un camino para lograr una convivencia armoniosa. El, siendo Dios, se hizo hombre uno de nosotros, puso su casa entre nosotros, se despojó de su rango de Dios, se hizo siervo de todos. Su trono de Rey es la cruz. Su humildad y su amor son el camino a la verdadera fraternidad. De esta manera Dios tiene su lugar en cada cultura, se hace entender por todos los seres humanos en su manera pero sigue siendo el mismo Dios, padre de todos.

Lastimosamente mucha gente y dirigentes del pueblo piensan que pueden lograr una convivencia armoniosa y fraternal sin Dios, lejos de Dios e inclusive contra las propuestas de Dios. –  Nunca se va a instalar una verdadera paz a base de armas, poder policial o militar. Sin Dios vamos a acabar con llenar nuestro mundo con alambrados y murallas, con sistemas de seguridad gua’u y guardianes y perros feroces. Pero así no vamos a lograr vivir seguros y en paz. Nuestro cometido, encomendado por Dios, es al contrario abrir los portones, hacer puentes, caminos y senderos hacia los demás como Jesús es la palabra de Dios, es el puente entre Dios y los hombres, es el camino hacia Él. Debemos ser todos los días facilitadores de encuentro y diálogo de unos con otros, hablar no con falsedad irónica, sino de corazón a corazón con sinceridad, instalar una cultura de encuentro como pide el Papa, encuentro con Dios y entre nosotros.

Uds. los Indígenas, para lograr de verdad un ambiente de encuentro y de compartir deben estar preparados para esto: En primer lugar deben, como dice el Papa Francisco: “vivir en profundidad su propia identidad”. Felicito a los Nivaclé que están aprobando su academia de la lengua Nivaclé. Ser de verdad identificados con su propia cultura y la vivan con convicción y su fe a su manera.  Les invito también cuando se encuentran con gente de otras culturas, que no disimulan que no se olviden de sus raíces, que se presenten como auténticos indígenas, ya que tienen demasiados valores humanos e espirituales que ofrecer a los demás. Fortalezcan su identidad cultural, no se dejen corromper ni drogar, profundicen su fe y sus valores espirituales.

La palabra de Dios, hecha carne, Jesús, quiere vivir entre Uds. y con Uds. Quiere que vivan su fe en El de acuerdo con su propia cultura. Así podrán formar verdaderas Iglesias autóctonas y ayudar a nuestra Iglesia que sea de verdad católica, que significa para todos, donde hay lugar para todos con sus propias maneras de vivir y expresar su fe.

Soñamos con una patria de paz, instituciones públicas eficaces y transparentes, poderes del estado justos y representantes del pueblo verdaderamente honorables, con una ciudadanía comprometida y responsable, soñamos con un país donde los indígenas nos muevan para vivir una verdadera interculturalidad, entre gente de diferentes lenguas, culturas y religiones, soñamos con cristianos auténticos que viven sus compromisos bautismales con coherencia.

Soñamos juntamente con el Papa Francisco con una profunda conversión de la Iglesia, conversión en sus estructuras, en su modo de expresar más auténticamente su fe y fortalecer la cultura de encuentro, soñamos con una Iglesia y sus comunidades, donde se vive y experimenta la fraternidad y la solidaridad. Hay gente que quiere frenar y obstaculizar esta renovación de la Iglesia.  El papa debe saber que nosotros lo apoyamos en su lucha, para que la palabra de Dios se pueda encarnarse de verdad en nuestra vida y se haga valer los más profundos valores e ideales humanos y cristianos.

A nuestra Iglesia y a todos los cristianos, invito a dejarnos contagiar por las riquezas espirituales de los pueblos indígenas, por su profundo conocimiento de Dios y su fe… Hagamos lugar para una eficaz participación en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad!

Y es importante que nos acordemos del hecho que justamente aquí en Caacupé Dios se hizo presente en medio de nosotros por medio del encuentro entre nuestra madre, la Virgen María, y el Indígena dando razón e a la veneración de la Virgen por medio de un indígena y a la inculturación de la fe en nuestro pueblo.

María, la Virgen de los Milagros nuestra Madre, la Madre de la encarnación de la Palabra de Dios nos bendiga y nos lleve a encontrarnos con su Hijo Jesús y que ella nos ayude a todos en el año 2.020, que la renovación de nuestra Iglesia, de nuestro país sea marcada por un profundo encuentro con la palabra de Dios, Jesucristo, y con los hermanos.

Amen