CONAPI en camino hacia una iglesia Latinoamericana
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Nuestro maestro y amigo, Bartomeu Melià, antes de dejarnos huérfanos hace dos años, ya profetizó sabiamente, que aún después de su destrucción, la nación guaraní ofrecerá alternativas para la construcción de la nación paraguaya. Y esto vale para todas las naciones políticas latinoamericanas que han dejado sobrevivir algunas de aquellas etnias, que fueron los primeros habitantes de estos territorios que estamos habitando hoy.
En este segundo año del COVID-19, hemos perdido muchos seres queridos, amigos y amigas, compañeros y compañeras, especialmente muchos comprometidos con el mundo indígena y con CONAPI. A pesar de nuestro dolor, nos hemos atrevido durante los últimos meses, romper algunas fronteras de las medidas sanitarias respecto a mayores encuentros. De este modo, conseguimos realizar tres reuniones bimestrales ya presenciales. Nos habíamos reunido en plan de discernimientos, búsqueda de nuevos caminos frente a los múltiples cambios y sus consecuentes desafíos. Percibimos la realidad indígena muy deteriorada, en todos los niveles.
Para nuestra Semana Misionera –en octubre– habíamos elegido el estudio de la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco. Mucho nos ayudaron las ponencias iluminadoras de Miguel Fritz y Dionisio Gauto, para aterrizar nuestra misión en el lugar y el contexto donde estamos: aprendimos a llegar desde una visión global a nuestra acción local.
La problemática del Congreso Internacional Indígena se centró en la pregunta: “¿Consulta o Participación indígena?” la que Enrique Gaska resume en pocas palabras: “En este congreso debemos buscar conseguir la unidad nacional, poner a un lado las diferencias, porque mientras haya división en la dirigencia, las autoridades nacionales van a seguir jugando a su gusto por los pueblos indígenas”. Ha llegado la hora de que los indígenas deben participar también en las decisiones políticas, no solamente ser consultados. No solamente por el derecho que les corresponde a los habitantes anteriores a la llegada de los conquistadores, sino también por el valioso aporte de sus experiencias milenarias de organizar y reorganizar la convivencia en comunidad con la tierra y sus grupos de parentesco, en justicia y reciprocidad. Han sido miradas importantes a los valores humanos que el actual sistema ha dejado de lado en favor de su máximo valor financiero.
Por tal razón hemos ampliado nuestra mirada nacional-local y la habíamos extendido hacia todo el Continente en donde encontramos tanto en el Norte y Sur, como en el Este y Oeste, naciones enteras y comunidades indígenas en situaciones semejantes: desalojo, criminalización, persecución, asesinatos. Parece un plan global del sistema de exterminar a nuestros pueblos indígenas. Pero con la creciente resistencia aumenta en las víctimas la conciencia que sus culturas contienen un gran valor comunitario y humano, lleno de sabiduría, espiritualidad y conocimientos de las leyes de vida a nivel eco-social. Las palabras de un anónimo “las culturas indígenas son el cimiento del mundo nuevo” despierta el sueño de muchos a caminar juntos hacia la construcción de Nuestramérica en la diversidad de Estados plurinacionales y pluriculturales lo que refleja ya el antiguo mito de volar juntos el Águila, el Quetzal y el Condor.
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