15
Abr

EL SUEÑO CON LA PIEDRITA

Margot Bremer rscj
La incidencia del coronavirus en nuestra historia humana, ha sido inesperada. Ha causado verdadero pánico y miedo. Inesperadamente también hubieron muchas reacciones de gran solidaridad y generosidad. El virus ha provocado mucho luto, tanta tristeza  y preocupación que ha desbordado nuestra capacidad y nuestro dolor. 
Pero también esta irrupción de la pandemia es un verdadero kairós: pues de esta tragedia mundial se inspiraron espontáneamente poesías, canciones y hermosas reflexiones abriendo nuestros horizontes. La amenaza de pérdida de vidas queridas y de la propia, nos está ayudando a repensar en lo más esencial que nos brinda una mirada distante y crítica al pasado. Constatamos “al desnudo” que vivíamos en un sistema de gran injusticia, desigualdad y desintegración. 
Se ha negado a la mayoría de nuestro pueblo querido su derecho de vivir humana y dignamente; se ha olvidado de cuidar a la Madre Tierra que nos da la vida y con la que formamos una única entidad relacional; se ha descubierto que este modelo de vida ya está en crisis y no podemos volver atrás. 
Y con todo eso se nos viene la pregunta: ¿qué tiene prioridad: la vida o el dinero? ¿Podemos seguir legitimando la escandalosa concentración de riquezas de unos pocos a costa de la salud del pueblo? 
Lo que  no comprendemos es que no ha sido un batallón de sofisticados misiles de “último modelo”, sino un minúsculo virus que está amenazando al planeta  entero. Virus del que algunos afirman que es ni siquiera un organismo vivo, sino una molécula, que ni siquiera se deja “matar” porque no tiene vida.
La expansión rápida de este virus ha sido capaz hasta cambiar de manera impensable discursos a alto nivel político (ejemplo: Macron de Francia y de Burkele de El Salvador). 
Mirando desde nuestro nuevo “observatorio de casa” y repensando desde las múltiples informaciones recibidas, nos surge la pregunta: ¿Qué vamos hacer después de haber superado esta catástrofe? Queremos seguir como antes o queremos buscar un nuevo  “orden del mundo”?¿Cómo nos lo imaginamos?
Parece anticuado, pero quiero recurrir aquí al mundo de los sueños. Muchos de nuestros antepasados recibieron a sus preguntas una respuesta en sueños siempre cuando el problema les superaba. 
Hans de Wit (1) nos explica el valor de los auténticos sueños: 
“El sueño quita la coraza de las circunstancias  y nos arma con una terrible libertad. …A través de los sueños penetran en nuestra vida mensajes y aspectos de otra realidad que existe y son reales como la nuestra: una realidad con su propia lógica y su propia ética. 
En ese sentido, el sueño es la puerta hacia la verdad, por más que nos cueste aceptarla y empezar a vivirla…Lo que soñamos está influenciado por lo que somos y lo que hacemos. El sueño nos quita la posibilidad de dominar las cosas a través de nuestro poder, nuestra inteligencia o nuestro dinero. Es el sueño que nos explica a nosotros quienes somos y quienes son los demás para mí….”
Una situación “pandémica” en la Biblia
La Biblia nos da muchos ejemplos  de personajes con sueños importantes para todo el pueblo. Uno de ellos es el sueño del rey Nabucodonosor de Babilonia, parecida a nuestro momento histórico (2) que encontramos en el libro Daniel, escrito en la época de los Macabeos en  167– 142 a.C.
El libro se dirige a los judíos que ya habían padecido cuatro dominaciones de diversos imperios con culturas y religiones distintas: babilonios, medos, persas y griegos. La violencia de  sus cuatro emperadores es expresada en símbolos de animales feroces (3). El último – Antíoco VI- es retratado por de Wit como alguien que “devoraba, trituraba y desmenuzaba más que ninguno que hubiera antes existido…La bestia es parte de su propio mundo, lo dirige, lo domina, es parte y dueña de él. Y esto significa que la bestia es parte del sistema que rige aquel mundo…es el sistema que engendra, crea, moldea, mantiene…” (4 ). No había posibilidad de escaparse de sus fauces. Los judíos se quedaron con horizonte cerrado y con miedo en sus casas como nosotros hoy.
El sueño de la piedrita 
Daniel, un joven y sabio judío, se ofrece atrevidamente a interpretar el sueño del rey Nabucodonosor. Es la visión de una gigantesca estatua con cabeza de oro, pecho y brazos de plata, caderas y vientre de bronce, piernas de hierro y pies parte de hierro y parte de barro. Súbitamente ocurre algo totalmente inesperado: “de repente una piedra se desprendió, sin ayuda de ninguna mano, y chocó con los pies de la estatua y la desplomó desde abajo hacia arriba haciéndola en pedazos y polvo que el viento llevó sin dejar rastro. Y la piedra creció hasta convertirse en una montaña enorme que llenó toda la tierra” (cf. Dan 2,31-37). 
La gigantesca estatua representa a los emperadores con su megalomanía y soberbia. 
Llama la atención que el dinamismo, la acción, no comienza desde arriba, la cabeza privilegiada que cranea su propio “orden del mundo”, sino desde abajo, desde  los pies de lodo, sostén de toda la estatua. Es una piedrita la que se pone movimiento en este escenario onírico, provocando el desplome de toda la figura. 
Simboliza la desintegración de tal “orden del mundo” construido por la cabeza dorada. A la vez el derrumbe deja lugar para el surgimiento de otro mundo nuevo; pues desde los escombros de la estatua la piedrita recobra vida y está creciendo hacia una enorme montaña que “llena  toda la tierra”. En esta imagen ecológica se presenta el nuevo orden del mundo que se está expandiendo (Dan 2,36). 
Mensaje del sueño
El sueño invita la interpretación de que la piedrita ha conseguido al destruir la estatua- la liberación de los pobres y oprimidos -el barro-  de donde ella misma fue desprendida. Invita a la interpelación de (re-)construir desde estos escombros un nuevo mundo. El sueño recuerda también que solamente desde la dolorosa experiencia pascual sea posible construir el nuevo mundo cuyo orden se fundamenta en la unión armónica entre Tierra y Humanidad, formando “una única entidad relacional” (cf. Leonardo Boff). 
El párrafo siguiente del libro de Daniel manifiesta que a Nabucodonosor le duró muy poco el impacto de este sueño; pues, ya que después de lo acontecido, él erige una estatua que le retrata y ordena a todos los pueblos a adorarla.
Se encuentra a tres jóvenes judíos que se niegan a cumplir esa orden. Se les condena a muerte por fuego. Echados al crematorio, éstos cantan bendiciones al Creador por todo lo creado 5 (cf. Dan 3,52-89) que les mantiene inmunes a las llamas. Este hecho revela la última verdad de su sueño: van a caer todos los que se sienten dueños de la vida de los demás y del mundo. Los tres condenados a muerte, frente a la consumación total por el fuego, bendecían al Creador  de la vida, elevándole encima de la soberbia autorreferencial del emperador. Y el fuego no les alcanzaba. 
Delicadamente el papa Francisco dice en Laudato Sí: “Dios ha creado el mundo inscribiendo en él un orden y un dinamismo que el ser humano no tiene derecho a ignorar” (L.S. 221). Cualquier semilla visibiliza esta realidad cuando se la ve creciendo desarrollándose en la especie inscrita ya en su corazón.
Conclusión
La pandemia ha conseguido afectar a toda la ha humanidad  por iguales, pobres y príncipes, científicos e ignorantes. Elevó fronteras nuevas con la cuarentena, el paro y aislamiento total y las rompió con la comunicación tecnológica a nivel global. 
¿La irrupción del virus, procedente de lejos será la piedrita del sueño de Nabucodonosor? 
Aquí la muerte esta mezclada con la vida: tenemos en nuestra vida muchos momentos de muerte como indiferencia, avaricia, codicia, pasividad e inacción, frente al grito de los necesitados y también tenemos momento de vida nueva cuando nos unamos en solidaridad, fraternidad/sororidad y cercanía amistosa a los desamparados.
Son experiencias de vida en plenitud, un gusto anticipado de la “vida eterna”.
Nuestro  texto del libro Daniel nos ilustra el leitmotiv de la Biblia: ”Hoy pongo delante de ti la vida o la muerte; elige la vida” (Dtn 30,15). En medio de  toda la  inseguridad actual, estamos desafiados a elegir  entre el peligro de seguir como antes y la oportunidad de construir una vida nueva. 
¿Seguimos poniendo nuestra esperanza en la estatua levantada  o ponemos nuestra esperanza en la piedrita que nos desafía a (re-)construir un nuevo orden mundial inscrito en la vida de toda la creación? 
El sueño de la piedrita nos anima  de pasar el misterio pascual para recobrar  vida nueva y crecer en unidad umbilical con la tierra (cf. Dan 2, 36). Se ha cerrado el horizonte de atrás que nos desafía abrir otro nuevo hacia delante.
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1 Hans de Wit, Libro de Daniel, Una relectura desde América Latina, REHUE LTDA Santiago, Chile, 1990, pp. 109-110
2 Pero históricamente está aludiendo a Antíoco IV, uno de los tres generales que se repartieron la herencia del imperio griego de Alejandro Magno.
3 = Babilonia (Nabucodonosor)= ( león; Persia = oso; Medo = leopardo; Griego = monstruo abonimable (Dan 7, 4-8. 
4 Hans de Wit, dito, p.21
5 Alaban y bendicen al creador  por el firmamento del cielo, las aguas todas, sol, luna, astros, lluvia y rocío, vientos, fuego y calor, frío y ardor, heladas y nieves, noche y día, luz y tinieblas, montes y cerros, vertientes, ríos y mar, peces y ballenas, aves del cielo, animales y fieras. Tierra, alábalo y ensálzalo eternamente; Hijos de los Hombres, alábenlo y ensálcenlo eternamente…