¿Profecías de Bartomeu?

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Jueves, 12 de Octubre de 2017
 

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“La obligación tiene que ser eliminar el Estado”

Por Oscar Rubén Cáceres

Durante un conversatorio en la Universidad Católica sobre tierras y territorios indígenas, el padre Bartomeu Melià, tras describir la situación de los indígenas en nuestro país sorprendió al público cuando resumió su ponencia diciendo que “a veces se dice que los guaraní son pueblos contra el Estado, lo que son es un pueblo sin estado. Pero el Estado es contra el pueblo, no solamente contra los pueblos indígenas, es un estado contra el pueblo…”

Aunque el contexto pareciera ser otro, las ideas expuestas por el sacerdote jesuita, muy comprometido con los pueblos empobrecidos, él mismo extendió a toda la sociedad paraguaya. “Es una máquina de opresión y de destrucción que torna ilegitimo el Estado como está, la obligación tiene que ser eliminar este Estado”, dijo y describió que en el mundo existe una fuerte tendencia de desaparición de los estados, que son sustituidos por las corporaciones empresariales.

Otro punto resaltado es, según Melià, que “el Estado paraguayo ha perdido su soberanía, no es un estado soberano, el Estado paraguayo está vendido, es un estado hipotecado, es un estado sin ley”.

Estas aseveraciones del anciano militante por la vida, desató una serie de interrogantes e interpelaciones para quienes estamos en el camino de construir una sociedad mejor, diferente, donde haya igualdad.

El Estado paraguayo, a raíz de las actuaciones de sus gobernantes, ha perdido su soberanía, su legitimidad; es una estructura social, política, económica y cultural hipotecado, vendido a las grandes corporaciones que manejan el mundo. El Estado, en el caso paraguayo y de otros tantos, si miramos los fines y la esencia de un estado, el Estado paraguayo no existe, opa, está hipotecado.

Estas afirmaciones son trágicamente ciertas. Nuestro Estado está siendo violado, abusado por poderes mafiosos. Y dentro de éste, la ciudadanía también, estamos presos y nadando en los charcos hediondos de la política mercantilizada.

Y nos aferramos de la Constitución Nacional. ¿Quiénes? Nosotros. Estamos presos, en cautiverio y por causa de nuestra propia Constitución, de nuestras leyes. Sin mucho esfuerzo podríamos citar miles de ejemplos cotidianos cómo nos castigan en nombre de la Constitución Nacional y las leyes. Los poderosos están usando la Constitución y las leyes no solo como guachas, sino como cadenas con las nos desgarran la carne con sus golpes y nos anulan los puños con los grilletes.

Y así, prisionero y todo, seguimos gritando: que se respete la Constitución. Queramos o no, estamos prisioneros y castigados. Más de 700 mil personas van a la cama sin comer. ¿Y la Constitución? Cerca de 2 millones de personas en situación pobreza, ¿y la Constitución? Nos matan en cualquier parte, nos roban por todos lados, por asalto o por usuras, ¿y la Constitución? Nos mienten desde los grandes medios de comunicación, nos “amansan” desde las iglesias, nos engañan con mecanismos mentirosos en la función pública; nos arrastran en la vida a los “sin empleos”, nos inyectan, con suerte, sueros en los hospitales para atendernos la salud, ¿y la Constitución y las leyes?

Y en nombre de la Constitución y las leyes nuestros gobernantes ofrecen no al mejor postor, sino al peor, nuestro medio ambiente, nuestras aguas, nuestros recursos naturales y nuestras fuerzas, diciendo que “aquí tenemos mano de obra barata”. ¿Y la Constitución y las leyes?

A romper con las leyes

Cuenta que en tiempos de Jesús de Nazareth el pueblo Judío tenía tantas leyes, pero tantas leyes, que ya ni podían moverse a raíz de las leyes, hasta que este hombre vino y empezó a romper con las leyes que eran cadenas para los hombres y mujeres.

Como ciudadanos, ovalema, es tiempo de liberarnos de nuestras cadenas, cadenas que son la propia Constitución Nacional y las leyes y los ejecutores de las leyes. Rompamos con este Estado y construyamos una sociedad, un Estado diferente. Es tiempo de la ciudadanía libre. Es tiempo de encontrar los mecanismos populares para transformar nuestro Estado, desobedeciendo este estado de cosas, romper las cadenas y los yugos, y reescribir nuestros acuerdos políticos, desde nuestra visión, desde los anhelos de nuestro pueblo.

Nos enseñaron a respetar la Constitución y las leyes. ¿Quiénes nos enseñaron? ¿Con que fin? Nos moldearon el pensamiento y nos violan con la Constitución y las leyes. ¿Seguiremos creyendo?

 

 

 

 

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