Homilía del Mons. Lucio Alfert en la misa de los Pueblos Indígenas en Caacupé

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Jueves, 22 de Junio de 2017
 

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Mons. Lucio Alfert denunció que los pueblos indígenas son discriminados, sufren desprecio, burla, indiferencia e incomprensión por ser considerados de segunda o tercera clase por las mismas autoridades y la ciudadanía en general.

El obispo del Vicariato Apostólico del Pilcomayo, Mons. Lucio Alfert, dijo que los indígenas son echados de sus tierras ancestrales y que las instituciones del Estado se niegan a defender eficazmente sus derechos. Los pueblos aborígenes son los que más sufren desprecio, burla, indiferencia e incomprensión, dijo.

Las autoridades se niegan a cumplir con la Constitución Nacional porque los indígenas y campesinos son considerados gente de segunda o tercera clase, expresó durante su prédica en el séptimo día del novenario en honor de la Virgen de los Milagros de Caacupé.

Lo más triste es que muchas personas se sienten superiores a otras por saber más, por tener más poder o influencia política, por tener más dinero. Desprecian a otros por tener otro color de piel, por hablar otra lengua, por pensar diferente, por tener otra cultura y religión, otro modo de vestir o de alimentarse o simplemente por ser diferente de alguna u otra manera.

El obispo expresó que se ha clasificado a los pueblos indígenas como algo inferior o, peor aún, de incapaces de participar o no ser dignos de ser miembros de nuestro pueblo. “Lo peor es que esto no solo lo sentimos sino lo expresamos en chistes, burlas o imágenes indignantes y con nuestro modo de relacionarnos y de tratarnos”, dijo.

Preguntó a los presentes si alguna vez han abrazado a un hermano indígena como lo harían con cualquier otra persona o solo le miran de reojo porque no le entienden, por ser diferente.

Añadió que este mal es fruto de la ignorancia o desconocimiento del otro, de las propias inseguridades o del egocentrismo exagerado. Llegamos al extremo de que los indígenas son utilizados por narcotraficantes y abusados por los mismos con total impunidad, denunció.

Según se informó, 2.500 indígenas se trasladaron del Chaco para participar de la misa dedicada a los pueblos originarios. Ellos mismos gestionaron y pagaron los buses en que se trasladaron, que costó un promedio de 12 millones cada uno.

CAACUPÉ (Desiré Cabrera, de nuestra redacción regional).

 

 

 

 

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