Fuentes de Resistencia

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Jueves, 27 de Abril de 2017
 

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Resistencia indígena desde una visión holística

El mundo hoy vive con la visión dominante de la realidad fragmentada, elaborada  por un sistema de acumulación privatizada

Frente a esa cosmovisión dominante, se alza la cosmovisión indígena negada, relegada y menospreciada desde hace más de 500 años. Los pueblos indígenas ven su entorno y la realidad desde una relación de interdependencia mutua y en constante interacción entre los seres humanos y el entorno ecológico en el que se mueven y viven. Incluye necesariamente la búsqueda de una relación con el origen de toda esta  diversidad de vida. Raimon Panikkar llama esta visión holística una “intuición cosmoteándrica”, la que considera la realidad como una totalidad que consta de tres dimensiones: cósmica-humana-divina, visión que se contrapone a la visión dominante fragmentada y fragmentaria.

Relación indígena con la Tierra

En la cosmovisión indígena, el ser humano no es el centro del universo, sino un componente más que debe buscar el equilibrio con las otras innumerables formas de vida de la Madre Naturaleza; Tierra con toda su vida y cosmos son parte de un mismo todo al cual pertenecemos los seres humanos; la tierra no es solo un medio de producción, sino es generadora de Vida instituida por el Creador  así lo explica la misma Biblia (…” y Dios dijo: que la tierra produzca vegetales…” Gen 1,11), aquí ella es reconocida por el mismo Creador como generadora de vida, como Madre que da y cuida Vida, y por tanto con el derecho de ser cuidado (cf. año sabático = derecho de descanso para la tierra; Lev 25).

En esta visión indígena, el Territorio de una comunidad indígena es un área geográfica, relacionado en parentesco con la comunidad que la habita, lo que incluye el suelo, el subsuelo, el agua, los animales y las plantas. Todo eso forma parte de la identidad de esta comunidad la que se sienten parte de su territorio, lugar donde vivieron sus antepasados; y viceversa: el territorio forma parte de la vida e identidad comunitaria. La comunidad junto con su territorio implica la memoria histórica, el derecho a decidir colectivamente sobre los recursos contenidos en él, las de formas organizativas, los métodos en tomar las decisiones y los espacios y tiempos para una forma distinta de entender y ejercer el poder. En otras palabras, la pertenencia a la Madre Tierra es parte de la identidad indígena. Como parte del territorio la comunidad se siente estrechamente vinculada a los ancestros enterrados en esta misma tierra; con ellos les une una historia común aún inacabada, caminando hacia la utopía originaria de una vida en plenitud. También los saberes, las experiencias religiosas y todos sus conocimientos acumulados de generación en generación, son parte del territorio, que le hace considerar un lugar sagrado. También  el tiempo se transforma  sagrado al ordenar sus actividades alrededor de la siembra y cosecha de algún cultivo significativo de su cultura, como por ejemplo el maíz o el algarrobo.

Cada pueblo ha forjado su identidad con la cosmovisión heredada y acrecentada según las posibilidades, ventajas  y condiciones que ofrece el territorio de su comunidad. Esta identidad les da la convicción y la fuerza para resistir contra el poder dominante que les está amenazando constantemente. A veces la cultura e identidad se pueden constituir en trincheras de resistencia que permiten a la comunidad o al pueblo mantener su dignidad y reafirmarse en lo que son, lo que alimenta su lucha en la resistencia encuentran en ella  fuentes de convicción y energía.

¿De dónde los comprometidos con la causa indígena sacamos la fuerza para  resistir?

Para poder resistir al modelo de una sociedad capitalista-consumista, también nosotros necesitamos una utopía que nos la fuerza a caminar contracorriente. Tenemos el Evangelio, la siempre Buena Nueva de la Plenitud de Vida (Jn 10,10), lo que Jesús para sus contemporáneos llamaba “Reino”. Otros caminan con la utopía: “Otro mundo es posible”.

Poco a poco estamos descubriendo que el Dios en cada religión, con nombre otro, tiene en el fondo el mismo proyecto sobre su creación. Es a la vez el sueño de todos aquellos pueblos, los que buscan al Dios con ese sueño. Al encontrarse los diferentes en este proyecto común, Un intensivo diálogo interreligioso-intercultural puede encauzar una alianza, respectando la diversidad de cada uno. Esta será un instrumento eficaz de resistencia contra el sistema vigente, prepotente y seductor. Importante es desarrollar, entre todos, una alternativa que fortalezca el eje común y a la vez la utopía de cada uno.

¿Cómo deben proceder los Aliados?

Presentamos acá algunos puntos prácticos en qué encontrarnos para una alianza en la diversidad. He aquí algunos ítems para discutir:

·         Primero:descubrir que el otro, en vez de ser un impedimento para la alianza, puede ser un enriquecimiento y fortalecimiento en el fortalecimiento y la complementación mutuos.

·         Segundo:la dimensión económica no debe estar aislada  de las otras dimensiones de la vida humanas.

·         Tercero: La cuestión ecológica debe ser enfocada desde una pertenencia mutua de la humanidad a la naturaleza y viceversa (interdependencia).

·         Cuarto: Reconocer que la humanidad no es el centro, sino parte del cosmos en una relación hasta afectiva (cf. S. Francisco de Asís habla de “hermano Sol” y “hermana Luna”).

·         Quinto: adquirir una visión holística que  no excluye ni queda indiferente al diferente, sino que busca la inclusión.

 

Margot Bremer rscj

 

 

 

 

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