TRES DIFERENTES SISTEMAS ECONÓMICOS

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Jueves, 27 de Abril de 2017
 

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“Entre todas las preocupaciones del hombre, una de las primeras es la de vivir en esta tierra, y por lo tanto la de aprovechar los recursos naturales y REPARTIR su riqueza, con el fin de que no aparezcan el sufrimiento, la indigencia, el trabajo pesado y el dolor que trae la enfermedad. Es por ello que los hombres y las mujeres de todos los tiempos intentanORGANIZAR LA PRODUCCIÓN DEL MEJOR MODO POSIBLE.”1 dice Bartomeu Meliá SJ. Se refiere al aspecto administrativo de la economía  que da su verdadero sentido al concepto de“oikonomía”(oikos = casa; nomos= ley). En todas las culturas la administración de los bienes  se maneja de diferente manera, mucho tiene que ver también con el aspecto religioso. Me atrevo a decir: “Mira como la comunidad administra sus bienes económicos y te digo en qué Dios creen”.

1. Sistema económico actual

¿Cómo funciona nuestro sistema económico actual para cumplir con esta finalidad  aparentemente innato en el ser humano?

Nuestro sistema económico se llama hoy día  MERCADO TOTAL, es decir: vivimos en el sistema de un mercantilismo totalizador. Sin embargo,  tampoco es una novedad total, pues “no hay nada nuevo bajo el sol”, ya que el helenismo, y en su continuación, el Imperio Romano, habían intentado imponer algo parecido a las naciones conquistadas por ellos.

Jorge Pixley, en su libro “Por un mundo Otro”, Alternativas al Mercado Global, distingue claramente entre oikonomía y crematística.2 Por crematística él entiende el arte de acumular riquezas (crema = cosa, arte de acumular cosas, en su sentido particular de monedas = dinero), y por oikonomía él entiende el arte de administrar una casa (oikos = casa; nemo = distribuir, generalmente para la distribución de alimentos, en el mundo pastoril para administrar el pasto de los animales, nómada).

Hay dos diferencias fundamentales entre la oikonomía y la crematística:

1.      al considerar los costos y los beneficios en la oikonomía se piensa siempre en el bien de toda la comunidad y no, como en la crematística, en un buen negocio

2.      en la oikonomía se mira más el valor del uso de las cosas que como en la crematística, en el valor del cambio en dinero.

Para la oikonomía siempre hay un tope de suficiencia; para la crematística no para ella lo más es siempre lo mejor, es decir no tiene conciencia de límite; se cree que cuanto más crece la riqueza, más grande será el beneficio para la persona.

Ya los pensadores y filósofos griegos como un Sókrates, reflexionaron sobre esta diferencia. Era conocida la fábula de Midas quien pedía en sus oraciones de que todo lo que tocara se convirtiera en oro. Y los dioses le concedieron este deseo con la consecuencia que se moría de hambre.

Hoy día existe una gran confusión al creer mucha gente de que economía es acumular sin límites. Piensan que la crematística  es parte natural  de la administración de la casa, de la oikonomía. Pero no es así. La forma más absurda de la crematística es el interés que se cobra con el préstamo: “Interés es el parto de dinero desde el dinero, como si el dinero engendrara dinero” 3.

Con el verdadero sentido de la oikonomía, siempre  se tiene en vista  la buena vivencia y la buena convivencia de toda  la comunidad. No hace falta creer en el Evangelio para convencerse de que una vida digna con lo suficiente para vivirlo debe ser el derecho y el destino de toda persona que ha nacido en este mundo. Sin embargo, los hechos hablan otra cosas: como nunca observamos una carrera frenética de acumulación de bienes, como si fuera el valor supremo, saqueando las riquezas de las poblaciones más indefensas y menos ambiciosas; es decir de aquellos pueblos que aún mantienen el ideal de vivir la verdadera administración de la casa, por convicción basada en experiencias de vida y de Dios y mantenida en sabiduría. Para estos pueblos la producción y el intercambio de bienes y servicios se dirigen siempre a la mayoría y no excluyen a nadie.

Cuando hablamos de “Otro mundo es posible”, debemos comenzar con el antiguo valor de la oikonomía. Hoy día, vivir este valor antiguo, es una alternativa al sistema económico vigente. Para el que lo intenta, será intolerable que algunas pocas personas, una minoría, acumule todas las riquezas, sin medida, sin límites. Constatará que una gran mayoría, por causa de esto, no tenga posibilidad de vivir dignamente por no tener  lo necesario. Esta interrelación, la minoría acumuladora no quiere reconocer. Hay otro factor en la crematística que incluye hasta a los pobres: es el hecho que los productores, para ganar, necesitan consumidores. Por eso hay que crear primero nuevas necesidades para productos innecesarios. La sociedad entera debe obedecer al mercado, cuyo mayor símbolo es el shopping. El mercado no cuenta con el  bien de la persona, sino con el lucro de la venta. Quien no es consumidor, no vale nada. Este sistema no admite la existencia de alguien quien no compre, quien no frecuente el shopping. “Quien no consume, simplemente no existe”.4

Es difícil desmantelar todo este sistema actual de mercado, pero mientras que aquellos acumuladores resisten en reconocer la correlación entre acumular y despojar, los despojados, los que buscan vivir una economía de justa administración, deben resistir igualmente a la oferta de bienes innecesarias, sin trabas y sin frenos. Será una lucha larga por una economía cuya meta sea la producción y distribución de bienes necesarios para que todos puedan vivir dignamente. Es una lucha contra un “monstruo” porque este sistema al que llamamos “neoliberalismo”, crece a la sombra de la corrupción, de la mala administración y en un marco de leyes y estructuras gubernamentales que legitiman la injusticia.

2. Sistema económico en la Biblia

El evangelista Lucas escribe alrededor de 80-85 después de Cristo, después de la destrucción de Jerusalén (70 d.C.), en plena dominación del Imperio Romano. Base del sistema económico de aquel Imperio era la conquista, saqueo y pillaje, latifundio y trabajo de esclavos, cobro de tasas, tributo, impuestos y otros más robos legalizados. Todas las riquezas de los pueblos y de las naciones conquistadas fueron llevadas a Roma, centro del “mundo civilizado”. Semejante acumulación de riquezas tuvo como consecuencia el empobrecimiento creciente de los lugares periféricos del Centro, la capital romana y otras grandes ciudades, conquistadas por el Imperio. En estas periferias surgieron las primeras comunidades cristianas. Sin embargo, más adelante, fueron entrando también personas más pudientes con muchos bienes (1 Cor 1).

En este momento difícil, surgió un nuevo desafío: no reproducir al interior de las comunidades el mismo sistema de la sociedad, es decir, ofrecer, en su forma de administrar los bienes, una alternativa a  la sociedad imperialista. Allí surgieron los primeros serios conflictos.

Elegimos aquí  la parábola del “hijo pródigo”, corazón del Evangelio de Lucas (Lc 15,11-32). “Pródigo” quiere decir: “mano suelta, gastador, despilfarrador”. Vamos a enfocar esta parábola desde el problema económico, para descubrir cierta teología de la economía. El joven, al decidirse irse de su casa, de la casa de su  Padre (oikos),  exige de su padre su herencia, es decir: plata. Sin dinero, él no conseguirá enfrentar al mundo. Pero él no tiene aún la madurez suficiente para administrar el dinero que su padre le había dado. Malgasta todo por nada serio, además en una tierra que pasa dificultades económicas. Por primera vez en su vida busca un empleo, busca un patrón. Encuentra en casa del nuevo patrón el empleo de cuidar chanchos. El joven descubre que en esta nueva casa no se comparte nada, ni la comida de los chanchos siquiera; su única preocupación es que engorden, un chancho vale más que un empleado. El joven comienza a comparar la casa del patrón con la casa de su padre. Pues en casa de su padre, el pan y todo lo demás fue compartido entre patrones y empleados. Decide volver a casa del Padre. Al volver a casa, su padre se compadece del hijo, y  le acoge, le abraza y le besa. Comparte con él no sólo su pan, sino también su ropa, su anillo, sus sandalias, el ternero, la fiesta, la alegría: en la casa del Padre se comparte y se distribuye todo: hay una justa administración: es la oikonomía del reino en la Casa del Padre.

La misión de la casa del Padre es: “saciar de bienes a los hambrientos” (Lc 1,53). Esto descubre el joven porque ha pasado hambre en casa del patrón. Comparando los dos modelos de casa, él opta: prefiere estar en casa del Padre, lugar de compartir. Interesante es la reacción del hermano mayor: él se enoja y no quiere entrar, no quiere compartir, no se siente en esta casa donde siempre se ha compartido todo.

Lucas quiere llamar a las comunidades de su época a una opción: en las comunidades se debe vivir la oikonomía de la casa de Padre Dios, ya que en el Imperio Romano se vive la crematística de la casa del César. Allí los cerdos reciben más atención que los empleados. La inversión vale más que el trabajo. Sin embargo, en las comunidades cristianas deben vivir la economía del reino, compartiendo los bienes. Este modo de convivencia alternativa es romper con el sistema imperialista de acumulación en manos de pocos, es romper con la casa del patrón que se dejaba llamar kyrios. Para los cristianos es fundamental que hagan la

 

 

 

 

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