DESCOLONIZACIÓN DEL SABER EN LA BIBLIA 1

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Jueves, 01 de Enero de 2015
 

“Para muchos…extranjeros, Bolivia es un país ingobernable, incomprensible, intratable, inviable. Se equivocan de “in”: deberían confesar  que Bolivia es, para ellos, un país invisible. Y eso nada tiene de raro, porque hasta el día de hoy, también Bolivia había sido un país ciego de sí.”     Eduardo Galeano

Hace poco advirtió el teólogo Víctor Codina SJ la nueva necesidad de aprender a desaprender. Hoytambién los grandes pedagogos insisten en que en medio de un momento de cambio de época que lleva consigo numerosos profundos cambios en la interpretación de la vida, no basta aprender conocimientos, sino hay que “aprender a aprender”. En la actual movida del cambio, estamos constatando algunas rupturas en el crecimiento cuantitativo y continuo  de nuestros conocimientos, hecho que nos obliga a enfocar lo aprendido de una mirada totalmente distinta que implica un desprenderse de certezas seguras y   abrirse a nuevas interpretaciones y comprensiones, lo que lleva consigo un cuestionamientos de muchos otros conceptos, todos interrelacionados entre , formando nuestra cosmovisiónque están ahora en mira a someterse a un proceso de  reinterpretación y resignificación.

Pongamos aquí un ejemplo: Hemos aprendido que el ser humano es el centro, el “rey de la Creación” como dijo todavía el papa  Juan Pablo II en su visita a Paraguay en 1988. Sin embargo, tanto las ciencias exactas de hoy como la cosmovisión milenaria de los pueblos originarios de  Abya Yala coinciden en que el  ser humano es parte de cosmos: “somos tierra”, “somos cosmos”. Esta nueva visión desencadena un cambio en todos los demás conceptos.

El fenómeno de la Colonización en época de dominación griega

El pueblo de Dios en su larga historia, también tuvo que experimentar esta situación de cambio de época y dentro de este momento histórico,  ser invadido por la primera “globalización” desde afuera a través de la cultura “helenista”, introducida por Alejandro Magno con la creación de su enorme imperio. Se mantenía la estabilidad e uniformidad del imperio alejandrino  mediante una poderosísima red económica, instalada por las “ciudades-polis” griegas. Se deja comparar, en tamaño más restringido, con nuestra globalización que se ha conseguido mediante el sistema neoliberal,  pues garantizaba la circulación libre de toda clase de mercaderías por vía terrestre o marítima rumbo a los mercados de las grandes ciudades y de las nuevas colonias griegas. Eran verdaderas “empresas trasnacionales” que colaboraron en la construcción de una sociedad consumista y mercantilista. A partir de los intereses de ese nuevo mercado fueron provocados, estimulados e incentivados nuevas necesidades,  nuevos modos de interpretar la vida y nuevos estilos de vivirla, nuevas éticas y nuevos modelos de comportamiento, etc. El mundo mediterráneo se dejó colonizar por esta  “globalización helenista”, reconociendo a la cultura griega, la de sus dominadores, como la mejor, la universal y la única verdadera. Era una colonización perfectamente lograda.

Resistencia mediante una concientización descolonizadora

El pequeño pueblo de  Israel fue reducido a la “etnia Judea”  por Tolomeo (305-283 a.C.), uno de los tres generales sobrevivientes en la lucha por apoderarse de la inmensa  herencia después de la muerte prematura de Alejandro. Él se autoproclamó  heredero de los antiguos faraones, dominaba  y colonizaba con este nombre y con esta autoridad al pueblo de Dios entre otros, mediante la nueva cultura “universal”, la helenista.

La primera resistencia a esta colonización cultural del helenismo encontramos en la Biblia en la figura de Qohelet, un libre pensador. Al principio de su vida fue -como muchos de su pueblo-  un gran admirador, seguidor y copiador del poder y resplandor del nuevo sistema imperial-colonizador del helenismo. Sin embargo, más adelante, a partir de un análisis profundo y una comparación con las raíces de su propia cultura, revalorándolas,  se descolonizó del mismo, desmantelando el engaño y la manipulación.  Con su libro quiso ayudar a su pueblo de iniciar un proceso de descolonización colectiva.  Advirtió de que “no hay nada nuevo bajo el sol”, haciendo alusión a la dominación política-económica-cultural desde Egipto por los ptolomeos, pues desde que el faraón Aton en tiempos anteriores había decretado el culto al sol, el país fue llamado por sus vecinos “país del sol”. Qohelet trata hacer  una comparación entre la “colonización helenista” ptolomeo y la de Salomón quien había impuesto un sistema imperialista, imitando el modelo  faraónico del “país del sol”, destruyendo de esta manera la autonomía del gobierno popular de las doce tribus. Pero existen más libros en la Biblia que intentan descolonizar  la introducción de una cultura y con ella, de un modo de pensar foráneo en empeoramiento y alienación de la propia cultura e identidad. 

Una nueva imagen de Dios

El mundo helenista había introducido, mediante su filosofía bien elaborada, a todos los países que había conquistado y colonizados, con una nueva imagen de Dios: un Dios lejano, etéreo, eterno, celestial, totalmente trascendente, espectador, indiferente, inmutable, sin pasión, un “Dios de los cielos”. Se ejercitaba como supervisor de la naturaleza, observador de la historia, juez de los comportamientos humanos  y de las acciones de cada persona. Su acción salvífica quedó reducida a retribuir el bien con el bien y el mal con el mal (teología de la retribución, descolonizada con el libro de Job). Según el helenismo clásico, el gobernante, el patrón, el rico, eran los sabios, los justos, los buenos. Según la teoría de la retribución, Dios premiaba a esta gente con riqueza y salud. Sin embargo, a los pobres, los subalternos, Dios tenía que castigar con pobreza y fatiga en el trabajo, además con enfermedad porque eran bobos, inútiles, injustos y por tanto pecadores. Desde tiempos de Esdras, la Ley de Dios era la ley del rey (Esd 7,26) y esto implicaba que se obedecía a Dios automáticamente cuando se cumplía las órdenes del rey. Esta ideología colonizadora ya es antigua. Está presente en la historia de Nabot quien se enfrenta con el rey Ajab (1 Rey 21,1-21). En esta perícopa, falsos testigos, pagados por la corte, declararon en la asamblea que Nabot había “maldecido a Dios y al rey” (v.10). En realidad había invocado a Dios para ser fiel a la constitución de su pueblo según la cual cada uno debía cuidar el pedazo de tierra que se habían repartido entre todos a iguales y que le daba el derecho de pertenencia a este pueblo; un pueblo alternativo  que quería vivir en igualdad y justicia. Por eso Nabot se negó a dar al rey esta herencia de su tierra. Era para él la Ley de Dios, un Dios del pueblo, mientras que para el rey Ajab, el nombre de Dios le sirvió como justificación para apoderarse indebidamente de la tierra de sus súbditos. Nabot era el representante de un sector del pueblo que quería descolonizar la mentalidad del rey quien ya no defendía el proyecto propio y alternativo de su pueblo, sino quien había copiado e imitado de los países vecinos el poder de la monarquía absoluta, destruyendo de esta manera el paradigma del pueblo de Dios. Era una colonización política-religiosa que se mantuvo hasta la época de la Independencia paraguaya y que se refleja en los documentos de los sectores que rechazaban la rebelión contra la corona de España porque lo consideraron una rebelión contra Dios. Esto demuestra cuánto tiempo podía mantenerse esta corriente helenista en la fe del pueblo cristiano.

 

 

 

 

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