LA DESCOLONIZACIÓN A NIVEL TEOLÓGICO Y PRÁCTICO

Compartir este link

Jueves, 22 de Junio de 2017
 

 “En América Latina campea la  colonialidad” constata Diego Irrarázaval con dolor,” ya que “el mosaico de pueblos originarios, afros, mestizos, se desenvuelve en medio de estructuras neocoloniales”. Si por una parte surge el aprecio de lo autóctono y el protagonismo político-social de los pueblos originarios en todo el Continente Abya Yala, por otra parte constatamos con tristeza que muchos grupos originarios que, ya bien organizados reclaman sus reivindicaciones y derechos a instituciones neocoloniales, están  imitando y reproduciendo  los esquemas de cualquier otros sectores sociales postergados dentro de una civilización que está cumpliendo su ciclo.  A pesar de tener en su vocabulario  la palabra del “Buen Vivir”, lo creen haber alcanzado al ser reconocidos en sus derechos por el Estado. Sin embargo, el Buen Vivir auténtico se basa en la alternativa al Imperialismo colonial  y neocolonialismo y se logra al insistir en los esfuerzos de relecturas del pasado, en las luchas, renuncias y sacrificios para inaugurar esta nueva vivencia que renace de una experiencia milenaria y que está en la raíz propia de las culturas originarias de este continente.
 
Nosotros, agentes pastorales, fácilmente caemos en la tentación de colaborar con esta tendencia de algunos grupos indígenas porque nos parece actualizado, moderno y avanzado, además son los grupos  que mejor comprendemos porque llevan las aspiraciones de nuestra sociedad que no está libre de colonialidad. Es necesario recordar que  la “vida en plenitud” (Jn 10,10) que Jesús  prometió a toda su creación no se interpreta de la misma manera en la cultura occidental-cristiana que en las culturas originarias. Para los pueblos indígenas la “plenitud de vida” no está en la realización plena de cada ser humano individualmente, sino en la reciprocidad e interdependencia entre los diferentes, y eso incluye a toda clase de vida en la naturaleza y el cosmos, no solamente la humana: ésta es la visión del “Buen Vivir”. La posibilidad de reciprocidad en la diversidad es solamente posible si se quita la barrera de superioridad-inferioridad y también la de la auto-perfección que prescinde del complemento del otro distinto  anulando de esta manera el principio de reciprocidad e interdependencia.
 
También existe entre los pueblos indígenas hoy día una cierta “auto-colonización” al no creer más en el futuro de la propia cultura y asumir la cultura que le invade, aparentemente con más poder,  influencia y futuro. Aquellos, desde hace 500 años tratados como objetos inferiores, finalmente comienzan a ver y creerse ellos  mismos así. Muchas ONG’s dan  las migajas de nuestra civilización con la buena intención de desarrollar, humanizar y modernizar a los indígenas “atrasados y subdesarrollados”. Aquellos que mejor han comprendido y aceptado nuestro sistema, con interés de formar parte del mismo, seles consideran los más valiosos e inteligentes y les utilizan como multiplicadores y socializadores en sus comunidades.
 
 
Descolonización  teológica
Existen en nuestra Iglesia teologías que sintonizan plenamente con la humilde Encarnación de nuestro Señor Jesucristo cuyos  primeros destinatarios de su Buena Nueva han sido los colonizados por imperios sucesivos (Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma). El sistema religioso (Sanhedrín) dejó de ser una alternativa frente al sistema colonial, más bien se acomodó y copió muchas estrategias de colonialismo haciéndose  dominadores teológicos excluyendo a los que no cumplían sus reglas y preceptos inventados. Jesús destronó este colonialismo y liberó al pueblo para vivir su proyecto alternativo propio. El Dios de Jesús tenía y sigue teniendo rostros y nombres diferentes, pero está presente en la vida de los que le buscan comunitariamente en su proyecto, soñado desde la creación
Tenían que pasado cinco siglos y tenía que caer en declive la civilización occidental para que los pueblos originarios de Abya Yala comenzaran a recuperar su dignidad, la valoración de su propia teología (Teología India) y hacerse protagonistas de sus propios procesos históricos. Es una llamada de atención a nosotros, agentes pastorales, a sentirnos interpelados, cuestionados y desafiados, especialmente a nivel teológico, para abrirnos y empaparnos de estas sabidurías teológicas y espiritualidades para dejar caer nuestro eurocentrismo humano y teológico. Debemos cambiar la mirada: en vez de mirar y medir su teología con desde nuestros parámetros teológicos eurocéntricos, deberíamos reconocer en ellas nuevas facetas, diferente a las nuestras, de las miles que contiene el rostro de nuestro Dios Padre de todos. Sacarse del centro es a la vez una  relativización de lo propio, es decir, verse no como un absoluto sino como parte de un todo que es la vida entera: humanidad y naturaleza.
 
Los colonizadores y después los misioneros coincidían en que el proceso de “evangelización” colonial, se resume en la frase: “primero hombres y después cristianos”, es decir: promoción humana y después formación cristiana1. Y hoy: ¿ya nos hemos descolonizado totalmente de de este concepto? Los principios del colonialismo perduraron hasta nuestra época: uniformidad, superioridad, paternalismo, clericalismo a nivel teológico. La  sentencia “fuera de la Iglesia no hay salvación”, fue recién levantada con el Concilio Vaticano II (1962-65).  
 
¿Qué dice Aparecida sobre la Descolonización?
Conviene echar mano a los últimos documentos que la misma Iglesia ha producido, especialmente el de Aparecida de 2007, vigente para toda la Iglesia latinoamericana. Es documento reconoce que “los indígenas constituyen la población más antigua del Continente”. Y lógicamente por esa razón “están en la raíz primera de la identidad latinoamericana” (DA 88). Los grupos migratorios de pobres desde Europa que han invadido y colonizado Abya Yala, rápidamente  se han hicieron ricos a costa de los habitantes originarios  justificándolo con su ideología de superioridad cultural y civilizatoria. Hasta hoy la sociedad  l.a. está manteniendo esta ideología colonial gracias a su eurocentrismo encarnecido. Por tal razón, la situación de los pueblos indígenas hasta el día de hoy “está marcada por la exclusión y la pobreza” (DA 89). La Iglesia que quiere “acompañar a los indígenas en las luchas por sus legítimos derechos” (DA 89), proclama proféticamente, para evitar nuevamente errores del pasado, que hay que “descolonizar las mentes, el conocimiento, recuperar la memoria histórica, fortalecer espacios y relaciones interculturales” para avanzar hacia “la plena ciudadanía (catolicidad) de estos pueblos” (DA 96). 
 
Un primer paso hacia la descolonización de la Iglesia se visibiliza en el reconocimiento de que los indígenas deben ser tomados “en cuenta en la catolicidad con su cosmovisión, sus valores y sus identidades particulares” (DA 91), reconociendo que “estos pueblos originarios cultivan valores humanos de gran significación…y que son poseedores de innumerables riquezas culturales que están en la base de nuestra identidad actual...y que ya estaban presentes y obraban en sus antepasados” (DA 92). El documento señala también otros valores como: “apertura a la acción de Dios por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humanan, la valoración de la familia, el sentido do de solidaridad y la corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultual, la creencia en una vida ultra terrena” (DA 93). Sin embargo, con dolor constata la Iglesia, que “en algunos casos permanece una mentalidad y cierta mirada de menor respeto acerca de los indígenas y afroamericanos.” (DA 96). Es un signo más de la colonialidad persistente.
 
Un segundo paso para descolonizarse reconoce la Iglesia l.a. en “denunciar las injusticias internas y externas” propias y “fomentar el diálogo intercultural, inter-religioso y ecuménico” (DA 95). La Iglesia se ha presentado en este Continente y sigue presentándose con una cultura europea, quiere renunciar que esta cultura sea la medida para otras culturas no-occidentales cuando proclama que Jesucristo debe ser el  último referente para “discernir los valores y las deficiencias de todas las culturas” es decir que incluye aquí la propia cultura, la occidental. 
 
La  Descolonización en la Práctica 
Descolonizar es un proceso comunitario en que cada uno/a personalmente inicia un proceso de profunda autocrítica individual e institucionalmente referente a las obras “cristianas” que llevan entre manos. Se necesita audacia y valentía al hacer una relectura sincera de nuestra historia de Evangelización en este Continente, asumiendo las luces y las sombras coloniales. También

 

 

 

 

Publicar Comentario

 

Nombre:

Ciudad:

Email:

Comentarios:

 


  Ingresa el Codigo de arriba