¿QUÉ ES NUESTRA MISIÓN?

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Jueves, 22 de Junio de 2017
 

 

Frente a una situación de cambio de época con sus consiguientes cambios de los paradigmas, visiones, conceptos y prácticas, y frente a la intención que se ha propuesto la Iglesia latinoamericana con la Misión Continental, se presenta la ocasión de reflexionar de cómo entendemos hoy nuestra misión.

A lo largo de los años hemos enfocado ya muchas veces este tema: hemos hablado de la misión desde la  interculturalidad, desde  la reciprocidad, desde ser facilitadores (puentes), y aliados de los indígenas, desde el surgimiento del protagonismo indígena.

Ahora, al principio de este año, queremos retomar este proceso de cambio en el concepto de la misión. Queremos enfocarlo desde los temas más candentes como el cambio climático que nos lleva a desarrollar un nuevo aspecto de la misión que implica despojarnos de nuestro concepto antropocéntrico misionero y abrir y ensanchar el horizonte hacia una visión cósmica.

Misión desde un nuevo concepto de la Creación (Panentheismo)

A mi modo de ver, punto de partida para muchos otros cambios de conceptos es la nueva visión de la Creación. Nunca hemos respetado las diferencias ni los modos como Dios Creador actúa al interior de la materia, de la vida, del universo, ya que no fuimos capaces de valorar la diversidad, sino nuestra tendencia siempre homogeneizar y uniformar. Realidad de la creación es lo uno y lo complejo que no sabemos enfrentar en la práctica, aunque reconocemos su existencia. Según Capra1, el pensamiento del mundo ya no parte de los filósofos ni de los teólogos, sino de los científicos que dan sentido a la nueva manera de pensar el mundo. Hoy ya tenemos superado la visión mecánica y materialista de la ciencia, la que consideraba que todo se reducía a materia muerta. Hoy las ciencias modernas las de la naturaleza y del cosmos,  son “los mejores aliados para un despertar espiritual de la conciencia de la humanidad. Lo que esas ciencias nos dicen hoy sobre el cosmos, la materia, la energía, el mundo subatómico…lo percibimos claramente referido a nosotros mismos. Ese proyecto evolutivo universal es nuestra prehistoria, nuestra “historia sagrada”, nuestras raíces cósmicas, que florecen en nosotros”2Todo tiene derecho a ser diferente, pero nada es parecido a la individualidad. Y al mismo tiempo todo es unitario, en interrelación.

Los cristianos comprendemos la Creación desde la Palabra que después se hizo carne (cf. Jn 1,1), como algo que impregna con su energía la vida. Joaquín García está convencido de que no hay más que una sola historia salvífica, y que la energía de Dios ha de ser hallada en la vida que Él siembra en todo ser que viene a este mundo2. La energía de Dios está también en la materia que da vida; pues la física cuántica  demuestra que toda materia no es otra cosa que energía condensada.  Frei Betto interrelaciona cuando afirma que en el interior del átomo predomina el principio de la indeterminación, es decir no se puede prever con exactitud el movimiento de las partículas subatómicas. En realidad en la creación, el cosmos, todo está interrelacionado: El movimiento de las alas de una mariposa puede cambiar la dirección de un huracán.  Textualmente afirma que “todo lo que existe, coexiste, subsiste, preexiste, y hay una inseparable interacción entre el ser humano y la naturaleza”3. Esta imprevisiblidad predomina además en la libertad humana. Es interesante recordar que el Primer Testamente tiene dos decálogos. Según Carlos Mesters. El primero es de la Alianza, el segundo de la Creación. El segundo existía antes, pero no podían leerlo porque no cumplían con el primero. Recién en el exilio babilónico, el drama del destierro abrió los ojos a los exiliados para tomar conciencia del decálogo de la Creación. Es el ritmo del de la naturaleza, del sol, de la luna, las estrellas, el ciclo de las plantas y su interrelación entre ellos, revela el poder creativo del Creador, según Mesters. Nuestra cosmovisión, nuestra visión del mundo, marca nuestra visión del cosmos, de la vida y del  Dios del cosmos y de la Vida (teovisión). Hoy descubrimos que todo está interrelacionado. Y justamente la creación de una red de interrelaciones es la ventaja estratégica para formar la comunión en vez que en la homogeneidad. Por eso es de sume importancia crear una conciencia de la interdependencia entre todos los seres, que la diversidad enriquece y complementa las relaciones para fortalecer la la comunidad de vida.6

A lo largo de los milenios nuestra visión del mundo sufre y goza cambios. Y al cambiar nuestra visión del mundo cambia también nuestra visión de Dios. La ciencia ecológica moderna se dedica a la investigación del modo como se relacionan todos los habitantes de nuestra “casa común”: los seres abióticos  (agua, tierra, aire, sol), los seres bióticos (microorganismos, plantas y animales) y los seres humanos. La calidad de vida y la capacidad de resistencia de cada ecosistema que forma una “comunidad de vida” depende de la cantidad porcentual de los seres presentes en un determinado bioma, interactuando unos con otros4. Cuando más grande es la biodiversidad de un bioma, más grande es la posibilidad de sobrevivir y recuperarse en situaciones de agresión5

El nuevo paradigma científico nos permite mirar el universo con ojos nuevos. Todo lo creado no es Dios, pero sí Él se revela en toda la Creación. La visión religiosa no quiere ser panteísta sino panenteísta. S. Pablo, al recoger una experiencia religiosa de los griegos,  la aplica tal cual a la experiencia cristina, diciendo: “En Él vivimos, nos movemos y existimos”. Todo está creado para la interrelación porque salió de las manos comunitarias de Dios y comunidad se construye en interrelaciones. Ya decía Teilhard de Chardin que en el amor todo converge y lo que S. Pablo llama “recapitular todas las cosas en Cristo y de alabar con Él al Padre” (cf. 1 Cor 3,21-23).

La nueva visión del lugar de los seres humanos- ser parte de una casa común- abre nuevos horizontes a la fe cristiana. Cambia nuestra visión de la Creación en la que Dios es el Creador quien hizo todas las cosas de la nada. Hoy día distinguimos en los relatos bíblicos de la creación que no se trata presentar el cómo de la misma sino quiere anunciar su sentido y su organización. La teología moderna pone énfasis que Dios creo  este mundo para todos. Este destino universal de los bienes exige lógicamente justicia e inclusión social en la convivencia, lo que implica escuchar en el grito de los pobres también el grito de la tierra y conjugar la denuncia profética  con la sabiduría que aprende de la naturaleza y que le habla de Dios. Aparecida anima a los cristianos, frente a la depredación de la naturaleza que quita la vida a la humanidad, hacernos “profetas de la Vida” (472).

¿Qué significa esto para un nuevo enfoque en la Misión? Aparecida habla de “evangelizar a nuestros pueblos para descubrir el don de la creación sabiéndola contemplar y cuidar como casa de todos los seres vivos y matriz de la vida del planeta, a fin de ejercitar responsablemente el señorío humano sobre la tierra y los recursos, para que pueda rendir todos sus frutos en su destinación universal, educando para un estilo de vida de sobriedad y austeridad solidarias.” (DA 474.a)

A esta hermosa y exigente declaración de la Iglesia latinoamericana, le falta aún una  renovación en su fundamentación teológica. Alfonso Murad afirma, que el amor trinitario que circula entre el Padre, el Hijo y el Espíritu,  debe ser el nuevo fundamento teológico de la biodiversidad y la sociodiversidad. Moltmann aporta, para completar, la interdependencia entre materia y espíritu, al percibir la actuación del Espíritu Santo no solamente en el interior de los humanos, sino también en el corazón del cosmos en evolución.

De que nuestro mundo es uno: complejo interrelacionado, destinado a formar una comunidad cósmica, una casa común para todos, nos ensanchó el horizonte para una misión que interpreta la Buena Nueva como convivencia organizada con todo lo creado.Esto significa en la práctica evangelizadora que a partir del nuevo paradigma eco-teológico con redes de relaciones en la diversidad, también cambia radicalmente nuestra relación con los evangelizandos. En las últimas décadas hablamos mucho de la exigencia de inculturación, es decir, “del esfuerzo de la Iglesia católica por encarnar el mensaje evangélico cristiano en todas las culturas de la humanidad, y hacerlo de tal forma que por dicha inculturación la fe cristiana logre expresar toda la riqueza revelada en Cristo, aprovechando todo lo bueno de las culturas, al mismo tiempo que se da como un proceso de evangelización de las culturas, por medio del cual éstas se mejoren y enriquecen la experiencia cristiana”6. Nuestra época, marcada por el pluralismo de culturas y religiones, no admite más el eurocentrismo de una inculturación que busca ocupar el corazón de las culturas con el mensaje del Evangelio monoculturalmente interpretado e institucionalizado.;: pasar a un cristianismo universal “culturalmente policéntrico”7. Esto implica a nivel de misión, el paso de la inculturación a la interculturalidad. Según Raimund Panikkar, la interculturalidad es el imperativo de nuestro tiempo. David Bosch reconoce: “Hemos  empezado a  darnos cuenta de que todas las teologías, incluyendo las occidentales, se necesitan, se desafían, se enriquecen, se vitalizan las unas a las otras, no menos para que las teologías occidentales puedan ser liberadas del “cautiverio babilónico” de tantos siglos. En un sentido muy real, estamos involucrados no solo en un proceso de inculturación, sino de “interculturación”8. Necesariamente este nuevo concepto de interculturación en la misión evangelizadora, evoca un dialogo intercultural e interreligioso. Respetamos en la cultura del otro en la que éste vive su fe religiosa para fortalecer la identidad de los diferentes pueblos. La interculturalidad ayuda  al fortalecimiento de cada cultura en el proceso de convivencia humana intercultural, respetando a las otras culturas y fortaleciendo la propia., es el respeto mutuo de los valores  de cada cultura.  Antonieta Potente dice poéticamente:

“La (inculturación) considero una osadía y apertura de los pueblos y de las culturas, más que de la iglesia: capacidad de dejarse habitar por otros criterios de la vida, otros conceptos, otras inspiraciones”….Pero percibo la insuficiencia de este término y sobre todo de su aplicación. La inculturación fue solo una puerta que abrió la iglesia a nuevos rasgos del misterio y la introdujo en la experiencia apofática de lo desconocido, …que es como el espíritu, aliento que le permite vivir…. y la misión se vuelve encuentro intercultural, escucha mutua, complicidad con la sabiduría de otras/otros para encontrar y garantizar a la vida un destino diferente. La experiencia misionera es siempre más que  la experiencia mística de la diversidad revelada. No más simplemente guardada, conservada, sino revelada, una nueva exposición de Dios en una historia en que las identidades han mostrado sus rasgos particulares, han tomado la palabra y la fuerza de la interpretación, han recobrado su autoestima y han hablado y siguen hablando y buscando en otro modo. Si la iglesia se confronta con su estilo misionero tendrá que redescubrir su vida, su quehacer práctico y teórico, como una oda a las diversidades y todo lo que en ellas caben: los géneros, las culturas, las religiones, cada mestizaje y cada biodiversidad.”.9

Ya dijo P. Knitter que las religiones deben darse testimonio unas a otras, en su diversidad, de manera que puedan llegar a su plenitud10. Queda claro que la diversidad de culturas y religiones deben –como la biodiversidad- formar redes y interrelaciones para enriquecerse mutuamente en la revelación de Dios a su Creación en la diversidad humana.

Quiero terminar con la palabra de un indígena, un sailor kuna “Cuando un pueblo dice “lo que yo sé de Dios es mejor y más exacto”, ese pueblo no conoce a Dios…Cuando todos nos encontremos desde la diferencia de nuestros pueblos, entonces, poco a poco, conoceremos a Dios”11

1 Fridjof Capra, La trama de la vida: una nueva perspectiva de los sistemas vivos, Anagrama, Barcelona 1999, 25

2 José Mª Vigil, Una Mirada al Año Cósmico, Agenda Latinoamericana 2010, 159

2 cf. Joaquín García, Latinoamérica: Nuevos Lenguajes teológicos centrados en la Creación, Novedad y Continuidad, en: Una Fe, diversos Lenguajes, en: Segunda Asamblea Mundial de Misionólogos Católicos, Cochabamba 2004, 83

3 Frei Betto, Una nueva Forma de mirar el Universo desde los nuevos paradigmas científicos, en: Agenda latinoamericana 2010, 158

6 cf. Alfonso Murad quien afirma  que las diferentes informaciones e ideas deben fluir libremente por la red. La diversidad de interpretaciones y de estilos de aprendizaje –incluso la diversidad de errores- contribuirá a la evolución de la humanidad. Es una lección de vida también para la sociedad y para la Iglesia, en: La Misión en Cuestión, Aportes a la luz de Aparecida, Amerindia 2009, 103. 

4 El bioma amazónico es el más rico en biodiversidad, pues en éste se encuentra una cantidad enorme de especies de plantas, insectos, hongos, y otros seres en interacción como en ninguna otra parte del mundo.

5 Los monocultivos brillan de ausencia de biodiversidad.

6 cf. Raúl Fornet-Betancourt, De la Inculturación a la Interculturalidad, en: Interculturalidad, Diálogo interreligioso y Liberación, I Simposio Internacional de Teología Intercultural e Interreligiosa de la Liberación, eds. Juan José Tamayo y Raúl Fornet-Betancourt, España, 2005, 55

7 Juan José Tamayo, Nuevo paradigma teológico, 49 que cita de J.B.Metz” Im Aufbruch zu einer kulturell polyzentrischen Weltkirche”, en: Zeitschrift für Missionswissenschaft und Religionswissenschaft 70 (1986), 140-153

8 David Bosch, Misión en  Transformación. Cambios de Paradigma en la teología misionera, Orbis Book, Maryknoll, New Cork, 1991, 551

9 Antonieta Potente, Evangelio,, Misión, Inculturación: Intento hermenéutico, en: Tejiendo redes de Vida y Esperanza, Amerindia, Bogotá 2006, 412-413

10 P. Knitter, No other Name?, 221

11 Sailor kuna Iguanabiginia, citado en: José Mª Vigil, Teología del Pluralismo Religioso, Abya Yala, Quito, 2005, 237-238

 

 

 

 

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