Misión en Comunión

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Miercoles, 20 de Septiembre de 2017
 

 

I. El “reino de Dios” era un símbolo bien conocido en el pueblo de Jesús que recogía las aspiraciones y expectativas más hondas. Esta esperanza que Jesús encontró en el corazón de su pueblo, supo él recrear a partir de su propia experiencia de Dios, dándole  un horizonte nuevo e inaudito. Pues ese Dios grande y soberano absoluto, al que su pueblo llamaba “Yahvé es rey”, había sacada a sus antepasados de la esclavitud de Egipto y les había conducido por el desierto hacia la “tierra prometida”. El pueblo le había experimentado como “liberador”, “pastor”, “padre”, y a partir de la instauración de la monarquía, le añadieron el nombre “rey”, para decir que el único verdadero rey de Israel es Dios, ya que sus monarcas nunca cumplieron con la justicia de Dios.

Jesús fue reconocido por su pueblo como un profeta apasionado por el reino que él anunciaba como reino de una vida digna para todos, de justicia y misericordia que se vaya extendiendo con alegría. Él busca con todas sus fuerzas que el Dios del reino, su Padre, sea acogido. Esta acogida del reino comienza en el interior de las personas por su fe en Jesús, el Enviado a la Creación de Dios. Y se realiza el reino en la vida cotidiana, luchando cotra los valores del anti-reino los que causan desequilibrio (humano y ecológico), injusticias, inhumanidad, ya que va contra el principio de Vida, inherente a la creación.

Jesús no anunciaba una nueva doctrina religiosa  ni quiso mejorar y perfeccionar la religión judía, sino él anuncia una Buena Nueva: “el reino de Dios ya está aquí, está entre ustedes” El evangelio (apócrifo) de Tomás explicita: “El reino del Padre se ha extendido sobre la tierra y la gente no lo ve” (113).

II. Después de todos estos preludios, vamos a dedicarnos a una palabra de Jesús:

“Busquen primero el Reino de Dios y su Justicia, y todo lo demás se les dará de añadidura” (Mt 6,33).

Vamos a caminar por cada una de estas palabras, tan llenas y densas de sabiduría, de promesa alternativa y de pasión por el reino.

1. Jesús no dijo que defendamos su reino, sino que lo busquemos. Pues, cuando se defienda a alguien o a algo, siempre hay peligro de excluir a otros. Buscar implica caminar, estar abierta/o,  con preguntas, reconocerse  inconclusa/o, reconocer no haber llegado.

2. Jesús no tenía la visión de un mundo totalmente perverso, tan malo que tenían que esperar una intervención final de Dios para hacer un mundo nuevo. Pues Jesús, con la mirada del Padre y del Espíritu, captaba bien que junto a la fuerza terriblemente destructora deshumanizante, estaba y está  también la fuerza recreadora de Dios presente en este mundo, fuerza  rehumanizante.

3. Cuando Jesús  dice “buscar primero el reino de Dios” es porque tiene otras prioridades a las de “este mundo”. “Lo primero  para Jesús es la vida de la gente, no la religión” dice Pagola. El contexto de la palabra de Jesús la que estamos meditando en este momento, son preocupaciones de la vida cotidiana: comer, beber, vestir, etc. Son preocupaciones reales que en este mundo solemos querer solucionar individualmente y así perdemos fácilmente la medida de lo necesario y lo innecesario. Además, al ahogarnos cada uno/una en “sus” preocupaciones como si fuera su propiedad privada, se pierde el horizonte para los demás y uno/a se hace indiferente frente a los que lo pasan mucho peor que nosotros. Jesús se “conmovió” frente a la situación de estos olvidados,  que fueron marginados por la indiferencia de otros. Él siempre intentaba liberarles con el anuncio del reino como alternativa de convivencia humana.

4. Jesús convoca a una nueva prioridad, la que llama “Reino de Dios y su justicia” y con eso acontece un gran cambio. ¿Qué es el reino de Dios y su justicia? Siempre nos enseñaron el reino como una realidad sobrenatural, fuera de “este mundo”, una realidad que no tiene nada o poco que ver con la nuestra de cada día, la de las compras, limpiezas, comidas, vestimenta, pagar facturas, etc. Sin embargo, Jesús compara el reino suyo con las cosas más elementales de nuestra vida como la levadura del pan que amasa la mujer en su cocina cada día, con el grano de mostaza, una hortaliza que ella siembra en el huerto, con la semilla que el campesino siembra sobre tierra fértil. Todas estas comparaciones son tomadas de la realidad cotidiana de la gente común y popular.

5. Jesús, como su Padre, escucha el clamor de los pobres e indefensos, y como su Padre los quiere liberar. Él expresa en forma humana lo que pasa a Dios cuando él ve en su creación el sufrimiento y dolor de gente desamparada y oprimida, le “tiemblan las entrañas”, lo que solemos traducir con “está conmovido”, “tiene compasión, misericordia”. Siempre en estos momentos de gran des injusticias, él suele hablar del reino de Dios para liberarles como su Padre, de la inhumanidad y devolverles su derecho de creatura de Dios a una vida digna.

6. Jesús pone el reino de Dios sinónimo a justicia,  pues en la Biblia “justicia” significa fidelidad al sentido comunitario. En la práctica esto significa hacer justicia a favor del injustamente empobrecido y oprimido para que haya paz y equilibrio en la comunidad. De cierto modo es dar prioridad al olvidado y marginado (cf. Sal 146,7.9) al actuar con la justicia de Dios revelada en la historia. Era la función de los reyes del pueblo de Dios, pero ninguno de ellos cumplió esta misión, por eso pasaba el reinado de esa justicia al mismo Dios.  Jesús, según Pagola, al parecer, quería ver a su pueblo restaurado y transformado según el ideal de la Alianza: un pueblo donde se pudiera decir que reinaba Dios. De ese pueblo de Dios soñaron los profetas y desde este sueño lanzaron sus denuncias y anuncios. Pero al pueblo siempre le parecía imposible, a causa de las innumerables injusticias, la corrupción y la impunidad reinantes.

En una de esas situaciones imposibles entraba Jesús, anunciando que sí es posible cambiar: ”No anden preocupados por su vida que van a comer, ni de su cuerpo con qué se van a vestir, busquen primero el reino de Dios y su justicia…” (Lc 12,22.31; Mt 6,25.33). Es una invitación a la metanoia, al cambio de mentalidad y comportamiento social, algo tan revolucionario, pues se trata de querer que todos tengan una vida digna y más humana y luchar por su realización. Es un nuevo paradigma de una convivencia en justicia. Indiferencia, competencia, preocupación, individualismo no son signos de una convivencia bajo el reinado de Dios. La invitación de abrirse a la entrada al reino es la invitación a un estilo de vida diferente. Esto es posible solamente con un corazón grande y generoso al estilo de Jesús, que incluye el perdón.

7. El reino tiene que ver con la pasión por la recuperación del sentido comunitario, la verdadera justicia, para poder colaborar en el sueño de Dios, el reino, que no es otra cosa que la comunión total entre Dios, la humanidad y la tierra, con otras palabras: el reino será el momento en que Dios y su creación formen una gran comunidad en la diversidad (relación ecoteándrica). Esto será  posible en la medida en que queremos parecernos a Dios, a cuya “imagen y semejanza” estamos hechos/as.  Es un Dios quien vino al encuentro nuestro en esta tierra en persona humana, en Jesús de Nazareth hace 2.000 años.

El reino es vida, por eso tiene que crecer, tiene que renovarse, tiene que adaptarse a nuevas circunstancias. Si los que sufren preocupaciones agobiantes de la vida cotidiana, al querer parecer a Dios en Jesucristo y al creer en su anuncio del reino, pondrán en común estas preocupaciones. Y al descubrir que son las mismas de todos, se organizarán y lucharán comunitariamente con el fin que se haga justicia. Así saldrán del aislamiento generado por sus propias preocupaciones individualistas, crecerán en sentido comunitario, es decir en justicia de Dios, y se harán más solidarios. De esa manera, en vez de aislar y dividirse, se unirán en fraternidad y eso justamente por causa de sus preocupaciones. Finalmente ella, las preocupaciones por la vida, no nos distraen de la atención al reino, sino pueden ayudar a construir “reino”, dando prioridad al sentido comunitario, la justicia, que nace de la búsqueda común de problemas comunes.

8. “Todo lo demás se les dará de añadidura”. Las múltiples preocupaciones, recogidas y sistematizadas comunitariamente, llevarán como “añadidura”, la solución de los problemas de todos. Justamente al reunirse con sentido comunitario, se descubre los dones específicos de cada uno/una para complementarse con ayuda recíproca. Las preocupaciones personales se han convertido en comunitarias. El encuentro comunitario, originado por las preocupaciones, ahora ha alcanzado prioridad y lo demás viene “de añadidura”.

III. El trabajo al servicio del mundo indígena, frente a sus múltiples problemas que les causa la sociedad “blanca”, nos impulsa a darle prioridad con respecto a las preocupaciones personales Todos aquí reunidos los que trabajamos en la oficina de CONAPI, sabemos por experiencia que de nuestro trabajo en equipo depende el “éxito” de nuestra misión con los pueblos indígenas. Cada uno/una tiene un trabajo específico y sabemos que solamente del buen trabajo del conjunto depende el avance en nuestra misión. Trabajar en equipo no es solamente un ”trabajar con” sino a la vez un “estar con”, es la presencia compañera, el trabajar junto al otro, un estar juntos.

Por experiencia también sabemos que cada uno/una es gestor de su propio destino. Y en la medida en que respetamos esta autonomía de cada uno/una, podemos ayudar a los indígenas  afirmarse también ellos en su propia autonomía. Ya Mons. Oscar Romero, quien tenía que desatarse de muchos esquemas eclesiásticos al palpar la realidad cruda de los campesinos de su diócesis, constataba que la verdadera liberación de los pobres iba a llegar solamente cuando sean “actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación, desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos, maternalismos, aún eclesiales” (2 de febrero 1980).

No olvidemos que los indígenas con los que tratamos en la oficina diariamente, no solamente necesitan de nosotros, sino también nosotros necesitamos de ellos. Pongo un solo ejemplo: necesitamos aprender de ellos su capacidad de interrelación, no solamente entre las personas humanas, sino con los animales, los vegetales y hasta los astros. Recuperar esta visión cósmica, que es inherente al ser humano, nos ayudará a ver nuestra pequeña comunidad humana, el equipo de CONAPI oficina, como una pequeña parte insertada en un enorme horizonte. Esta nueva perspectiva ayudará relativizar muchas cosas para encontrarnos y centrarnos en nuestra preocupación común, la que es  más justicia, derechos y reconocimiento del mundo indígena en nuestra sociedad paraguaya. De añadidura vamos a experimentar que los indígenas no son nuestro problema, sino la solución de nuestros problemas. Así nuestra misión con los indígenas llegará a ser verdaderamente una misión en reciprocidad, si sabemos crear junto con ellos, los indígenas, un nuevo sentido comunitario, es decir, colaborar con  “el reino de Dios y su justicia”, lo que todos estamos buscando bajo diferentes términos culturales. 

 

 

 

 

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