EL “BUEN VIVIR” Y EL DESARROLLO

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Jueves, 01 de Enero de 2015
 

 

Ya mencionamos las veces anteriores que buen vivir no es lo mismo que vivir mejor que está al servicio de la producción de sociedades de consumo. José Mujica, presidente de Uruguay, hace poco presentó a su pueblo la posibilidad de otro estilo de vida, más austero, más comunitario, más digno, diciendo:

”No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices! Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers. En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa nueva y de cajas de electrodomésticos. No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible.

Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción. Despilfarrar no es lo que hacen las sociedades más maduras. Vayan a Holanda y vean las ciudades repletas de bicicletas. Allí se van a dar cuenta de que el consumismo no es la elección de la verdadera “aristocracia de la humanidad”. Es la elección de los noveleros y los frívolos. Los holandeses andan en bicicleta, las usan para ir a trabajar pero también para ir a los conciertos o a los parques, porque han llegado a un nivel en el que su felicidad cotidiana se alimenta no tanto de consumos materiales como de intelectuales. Así que, amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento”.

Estas palabras inusitadas de un presidente de la nación, demuestran que la ambición de llegar al nivel material del primer mundo es transformable Lentamente está surgiendo el deseo de otra forma de vida, de una sociedad alternativa. En este sentido la conciencia humana está nadando en dirección opuesta a todos los discursos sobre desarrollo y crecimiento económico. La situación está cambiando, y ya  surgen movimientos que defienden el decrecimiento.

Nuevo Movimiento del Decrecimiento

Un nuevo movimiento de decrecimiento ha logrado en poco tiempo penetrar en distintos ámbitos de la sociedad europea, si bien con incidencia desigual según los países. El eje fundamental del decrecimiento es disminuir la producción económica y así lograr una relación más equilibrada entre el ser humano y la naturaleza. Sabemos que la economía día ocupa hoy un papel protagónico, pero ya están levantando voces proféticas, como la de Vicente Verdú que pronostica que ”el nuevo sistema que se deduzca de esta crisis, vendrá a ser el resultado de un quehacer conjunto donde, a la fuerza, la razón económica dejará de ser la exclusiva matriz”. Se está reconociendo que nuestro destino depende mucho más de nuestra sabiduría que de nuestro conocimiento1. El tema del decrecimiento ha penetrado hasta en las universidades europeas. Ha sido una necesidad ya que los intereses de los acumuladores de riquezas escandalosas, han logrado ejercer un verdadero dominio sobre nuestro pensamiento, lo colonizaron y lograron que creamos que la única felicidad posible es acumular y consumir (cf. la felicidad “embotellada” en un frasco de Coca Cola). El decrecimiento aporta nuevos valores sociales para vivir más con menos y desmitifica el mercado como proveedor de la felicidad.

Sin embargo, los pueblos originarios, gracias a su sabiduría, después de 500 años de resistencia, han conseguido conservar muchos de sus valores humanos en este campo. Mientras que el Buen Vivir quiere restituir el equilibrio, la armonía, la serenidad y la buena relación entre los seres humanos y con todas especies vivientes, en la sociedad actual se perdió totalmente la ética y con ella el equilibrio, al anteponer la ciencia y técnica a la VIDA. El movimiento del decrecimiento critica al sistema actual, pero le falta la utopía para alzar vuelo.

Utopía del Buen Vivir  

En este sentido, el Buen Vivir es una verdadera utopía. Contrario a la visión occidental de la economía que se basa en el mercado y el capital, la visión de los pueblos originarios tiene su eje central en la Vida misma. Esto no quiere decir que está en contra del desarrollo, pero debe ser un desarrollo alternativo al occidental hegemónico; no es unidimensionalmente económico, sino es tan complejo como la vida misma y la utopía del Buen Vivir, aún a nivel económico, se basa en una vida multidimensional. En la economía indígena todas formas de trabajo y de producción son orientadas a la subsistencia autónoma, no a la ganancia de capital ni a la acumulación; siempre tiene en cuenta las condiciones de tierra y naturaleza para no debilitar la vida de ellas. El cuidado de la naturaleza se fundamenta en la reciprocidad, pues ellos se sienten cuidados por ella.

Dos puntos claves marcan el Buen Vivir en su comprensión de desarrollo:

a. La Relación con la Tierra

En todos los pueblos originarios de Abya Yala,  la subjetividad de la Tierra, su dignidad y sus derechos son un tema central. Hasta ahora dignidad y derechos estaban reservados solamente a los seres humanos y hasta hoy predomina todavía esta visión antropocéntrica, olvidando que, junto con ella, somos parte de un todo mayor. Respecto a esa visión comenta Leonardo Boff:

“si el espíritu está en nosotros es señal de que estaba antes en el universo del cual somos fruto y parte. Una tradición que se remonta a los orígenes más ancestrales, entendió siempre la Tierra como la Gran Madre que nos genera y nos proporciona todo lo que necesitamos para vivir. La Tierra se autorregula para mantener la vida en el planeta. No es solamente que sobre la Tierra hay vida; la Tierra misma está viva, y como tal, debe ser respetada y cuidada como todo ser vivo. Este es su dignidad y la base real de su derecho a existir y a ser respetada como los demás seres. Tierra y Humanidad forman una única entidad; no pueden ser separadas.2”

 Si los seres humanos poseemos dignidad y derechos y si Tierra y los humanos constituyen una unidad indivisible, entonces podemos decir que la Tierra participa de la dignidad y de los derechos de los seres humanos3, estamos entrando en una nueva época de la bio-civilización (biocracia), en la cual Tierra y Humanidad, dignas y con derechos, reconocen su pertenencia recíproca, su origen y destino común. Si reconocemos el derecho de la tierra y de sus ecosistemas, entonces también debemos reconocer su capacidad de regenerarse y de vivir4. Para eso hace falta ampliar nuestro concepto de comunidad que debe incluir a todos los seres vivos para formar una sola “comunidad cósmica”. Esto implica modificar nuestro  relacionamiento con la tierra, hasta ahora reducido meramente al aspecto económico.

b. Relación con la Diversidad

En el Buen Vivir las funciones de los ecosistemas son respetadas, regulando y limitando los impactos de la actividad humana. Esta labor no es unilineal ni monodimensional sino siempre está presente la visión holística que abarca todas las dimensiones de la vida y que no conoce un antes y después. El esfuerzo humano debe crear condiciones materiales y espirituales para construir y mantener una vida armónica en buenas relaciones entre todos. Así como en la naturaleza la biodiversidad está interrelacionada para enriquecer y complementarse, así también a nivel humano hay una gran diversidad de elementos que deben ser tomados en cuenta en las acciones como: el conocimiento, la ética, la espiritualidad, el entorno, la interculturalidad, la plurinacionalidad, los valores humanos y un horizonte bien amplio con visión de futuro.

El “Buen Vivir” y el Desarrollo

Con razón afirma Andrés Uzéda Vásquez5 que el Buen Vivir de los pueblos originarios no es asimilable a un plan de desarrollo que corresponde a otros sistemas culturales, cosmovisiones, conceptos de vida etc. Alcanzar el Buen Vivir implica ir más allá del desarrollo, sintonizar con los ritmos y ciclos que impone la naturaleza con sus dinamismos y detenimientos. El Buen Vivir ofrece la posibilidad de superar una política de desarrollo que pretende crear una nueva civilización: una sociedad de consumo de individuos. El Buen Vivir es el retorno a la práctica de los valores comunitarios como reciprocidad, solidaridad, redistribución, etc. Es una alternativa a la colonialidad y a la modernidad y puede ser una orientación hacia un desarrollo alternativo, sin caer en la tentación de llegar a una “domesticada versión del desarrollo humano integral y sostenible”6 que sería el mismo desarrollo solamente corregido.

El concepto de “desarrollo” del Buen Vivir necesita ser aceptado como nueva cosmovisión que debe ser reelaborada desde la raíz cultural de cada pueblo.

Hay que iniciar también una “descolonización del desarrollo”. Fundamental es no poner ni la acumulación ni el individuo en primer lugar, sino la vida misma en su dimensión colectiva, multifacético, pluridimensional y eco-humana para formar una sola comunidad en la diversidad; la interrelación se expresa aquí en una interdependencia mutua la que David Choquehuanca, ministro de relaciones exteriores de Bolivia, expresa con las siguientes palabras:

“Vivimos en las faldas de nuestra madre tierra, ella nos da todo…., todos nosotros, las plantas, los animales y los seres humanos nos alimentamos de ella. Dependemos de ella y ella depende de nosotros…Más allá de buscar la cohesión social, nos toca fortalecer la energía comunitaria, decidiendo nosotros mismos juntos en comunidad de manera soberana, qué, cuánto y cómo producir, más que dejar que el mercado, como nuevo patrón, nos lo decida” 7

Conclusión

Vemos que el Buen Vivir no se identifica con el movimiento europeo de decrecimiento, aún opuesto al desarrollo, no es alternativo. No ha cambiado su cosmovisión y le falta la utopía. La dimensión económica del sumak kawsay es parte de una visión holística de la vida: es un todo en que se encuentran todas las dimensiones de la vida en un constante dinamismo circular de “re-equilibración”, es decir, de los desequilibrios hacia un renovado equilibrio. El “desarrollo integral” con una cosmovisión occidental-neoliberal no es posible ya que su pensamiento sigue siendo lineal y no circular. Para alcanzar un verdadero “desarrollo holístico” que será muy distinto, ya que no se reduce a una sola dimensión de la vida, la económica, hace falta una nueva visión de la vida, de la Tierra, del cosmos de Dios y de los humanos; es la que ofrece el Buen Vivir. 

 

Notas.

1 Desde antiguo se han levantado voces sobre la necesidad de cuidar la Tierra y las especies que la pueblan. Fue a partir de la segunda mitad del siglo pasado cuando en Occidente sonó la alarma ante las formas de vida cada vez más depredadoras. A principios de los años setenta se hizo popular el informe encargado por el Club de Roma a varios especialistas, los cuales denunciaron la extrema gravedad en que se encontraba el ecosistema: “En un mundo finito no se puede crecer de manera infinita”. Sin embargo, el sistema capitalista necesitaba promover el consumo para asegurar la producción indispensable y así garantizar beneficios empresariales substanciosos. En los años ochenta, con Margaret Thatcher de primera ministra del Reino Unido y Ronald Reagan de presidente de los Estados Unidos de América, el liberalismo económico extremo aceleró todavía más las formas de vida insostenibles. La gravedad de la situación fue contestada por economistas, ecólogos, sociólogos, etc. y por grupos de base. En el año 2002, los movimientos críticos con el sistema hegemónico occidental, herederos de las tendencias favorables a repensar los valores sociales, la producción, el consumo, etc., se reunieron en París, luego en Lyon, y se constituyeron en “objetores del crecimiento”. Sus integrantes recogen y popularizan el decrecimiento, introducido como concepto por Nicholas Georgescu-Roegen en la década de los setenta, precisamente un año antes que se diera a conocer el Informe Meadows. Las aportaciones de Georgescu-Roegen eran mucho más radicales y críticas que las de los economistas convencionales. Propuso, entre otras medidas para paliar las desigualdades económicas, permitir la libertad de circulación de personas sin restricciones y también prohibir la fabricación de armamento. Es muy celebrada su ocurrencia para salir del “círculo vicioso de la maquinilla de afeitar”, razonaba: “Queremos afeitarnos más deprisa y así tener más tiempo para idear una máquina de afeitar todavía más rápida, de modo que podamos gastar más tiempo en otra todavía más rápida, y así en un interminable y vacío progreso”. Nicholas Georgescu-Roegen, además de aportarnos ideas (que han resultado capitales para comprender la crisis ecológica actual) sobre la integración en la economía de las enseñanzas de la termodinámica y la biología, se preocupó de las cuestiones éticas: “...los preceptos éticos, lejos de ser un producto endeble de las emociones, son tan necesarios para el buen funcionamiento de las sociedades humanas como una apropiada dotación de recursos naturales”. O bien: “El nombre de nuestra especie es Homo sapiens sapiens y podemos estar doblemente informados, pero no ser suficientemente sabios. Nuestro destino depende mucho más de nuestra sabiduría que de nuestro conocimiento”.

2 Según L. Boff, la Tierra es un momento de la evolución del cosmos, la vida es un momento de la evolución de la Tierra, y la vida humana, un momento posterior de la evolución de la vida. Por eso, con razón, podemos decir: el ser humano es aquel momento en que la Tierra comenzó a tener conciencia, a sentir, a pensar y a amar. Somos la parte consciente e inteligente de la Tierra.

3 Por eso, está en discusión en la ONU el proyecto de un Tribunal de la Tierra que castigue a quien viole su dignidad, deforeste y contamine sus océanos, y destruya sus ecosistemas, vitales para el mantenimiento de los climas y de la vida.

4 Norman Wray, Los retos del régimen del Desarrollo, en El Buen Vivir, una vía para el desarrollo, 54.

5 Del “vivir bien” y del vivir la Vida, en: Suma Qamaña, Miradas críticas al vivir bien, ISEAT, La Paz, Bolivia, 2010, 46

6 ibid. 49

7 David Choquehuanca, III Conferencia Nacional de Italia- América Latina y el Caribe, Roma 16-17 de Oct. 2007

 

 

 

saludos y exito en sus emprendimientos

Por: Angela bres - Ciudad: Concepciòn - 2011-02-23

Artículo muy bueno, pero ¿quién es el autor? Disculpen pero no lo encuentro...
Gracias.

Por: José Rouillon Delgado - Ciudad: Lima - 2011-10-01

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