Una nueva evangelización para un nuevo Paraguay

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Miercoles, 20 de Junio de 2012
 

Nuestro Paraguay necesita de una nueva Evangelización que sea nueva en su ardor, en su método y en su expresión. (Is 2,1-5; Sal 121,1-2.4; Rm 13, 1-14ª; Mt 24,37) Queridos hermanos y hermanas, indígenas, paraguayos y extranjeros que han llegado desde los lugares más lejanos junto a nuestra Madre, la Virgen de los Milagros de Caacupé y todos los que por radio y televisión, participan en esta hermosa fiesta. Estamos celebrando esta fiesta ya en vísperas del Bicentenario de nuestra Independencia Nacional. Esto nos tiene que hacer pensar: ¿Que hemos hecho con nuestra nación y los habitantes de esta hermosa tierra? ¿Vivimos de verdad en un país soñado por Dios  y por nosotros mismos? ¿Y somos la Iglesia soñada por Cristo? En un mundo dividido por  guerras, luchas y rivalidades  es  una gracia, que entre personas de tantos y diferentes lugares, culturas y lenguas, podamos celebrar juntos, unidos en la misma fe y animados por la misma esperanza.  Pero es a la vez también un desafío para todos los pueblos, culturas y religiones que formamos esta patria: Que los valores evangélicos, asumidos en nuestros símbolos patrios  “libertad; paz y justicia; unión e igualdad” se hagan realidad en nuestra convivencia diaria, en la política y en el modo de vivir nuestra Fe en nuestra Iglesia. Así el Profeta Isaías anuncia una nueva forma de la convivencia humana de los pueblos en la presencia del señor, donde la armonía, la paz y la seguridad prevalecen sobre el armamentismo, el poder, el dinero y la  dominación. “La Palabra de Dios de hoy, primer domingo de Adviento, nos invita a 

llenarnos de fe y esperanza, porque el Señor anuncia el cumplimiento de su Plan de Salvación”. Es hora de despertarnos porque ya está cerca la salvación.
Lastimosamente mucha gente y dirigentes del pueblo piensan que pueden lograr una convivencia armoniosa y fraternal sin Dios, lejos de Dios e inclusive contra las propuestas de Dios. Es difícil en el mundo de hoy, ser hombres de esperanza con ganas de luchar por algo nuevo. Parece que nuestra esperanza se va  debilitando, frente a tantas  promesas incumplidas y a los sistemas de corrupción instaladas en nuestra sociedad. Las últimas elecciones municipales en muchas partes nos han demostrado cuan inescrupulosos son muchos políticos y cuan débil y incoherente mucha gente votante al acordar la compra-venta de votos, cedulas y consciencias por un pedazo de pan, un pucho de dinero, o promesas que nunca se cumplen. Es difícil creer en una Patria nueva cuando todavía hoy tengo que denunciar que gente que quiere apoderarse de tierras indígenas, simplemente asesinan a miembros de la comunidad y los queman a ellos y su habitad como ocurrido hace algunos meses en Yvyra`iya en Concepción. Su sangre grita al cielo  como la de Abel.  Y cómo es posible el brutal desalojo sin orden judicial de Indígenas de sus tierras  en  Yvyoka? O que se enfermen y mueren por el rocío de agrotóxicos… Lo más triste es que todo esto es protagonizado por cristianos y muchas veces por gente que se cree muy católico.
Los serios intentos de cambio muchas veces son sofocados por gente demasiado poderosa e irresponsable a quienes no importa el bien del pueblo y aparentemente también el Evangelio y nuestro trabajo evangelizador no han tocado nuestros corazones y no nos movieron para abandonar las obras de la oscuridad como dice la lectura.
 
Soñamos con una patria de paz, instituciones públicas eficaces y transparentes, poderes del estado justos y representantes del pueblo verdaderamente honorables, con una ciudadanía comprometida y responsable, soñamos con un país donde los indígenas nos muevan para vivir una verdadera interculturalidad entre gente de diferentes lenguas, culturas y religiones, soñamos con cristianos auténticos que viven sus compromisos bautismales con coherencia y con una Iglesia y sus comunidades, donde se vive y experimenta la fraternidad y la solidaridad. Soñamos con familias sanas bien unidas, verdaderas formadoras de personas humanas, soñamos con una Juventud que no se deja corromper sino hace valer sus más profundos valores e Ideales.
Para lograr todo esto hace falta “Una nueva evangelización para un nuevo Paraguay” Así reza el lema que la Iglesia en el Paraguay se ha propuesto para este año y que ésta sea nueva en su ardor, en su método y en su expresión, tema de este día. Todo apunta a este gran deseo y compromiso de renovar nuestra Patria, nuestra Iglesia y nuestra acción pastoral.
* Un ardor nuevo tiene que marcar a todos los cristianos: Nosotros todos somos la Iglesia. Somos de Cristo. Es él que nos mueve nos anima y nos envía. Él nos llena con su fuerza y con su luz. Sólo si somos de verdad de Cristo, podemos ser con entusiasmo sus misioneros. El encuentro personal y comunitario con Cristo es la base y motivo de este nuevo ardor evangelizador.
*  Pero nuestra Evangelización también tiene que ser: Nueva en sus métodos: esto significa abandonar  todo lo que significa poder, privilegio y dominación de los demás, significa ser de verdad servidores de la palabra, debemos hacerla  comprensible con todos los medios a nuestro alcance y estar cerca del pueblo. La Palabra de Dios debe ser confirmada por nuestro testimonio de vida. 
* La Nueva Evangelización también tiene que ser: Nueva en su expresión: Nuestra vida, convivencia humana, nuestro modo de anunciar y celebrar nuestra fe tiene 
que convencer, entusiasmar, ser autentico. El cristiano debe irradiar en su vida, de que Cristo resucitado está en El. Debemos formar Comunidades donde se 
puede experimentar la Fe en Dios y amor a los hermanos.
Para lograr todo esto es indispensable apuntar a una nueva convivencia entre todos los que somos miembros de la Iglesia y habitamos esta patria: A los gobernantes y toda la ciudadanía pregunto: Cuando vamos asumir la realidad de que somos una sociedad de muchas culturas y etnias diferentes como los pueblos indígenas, que antes de ser un estorbo quieren ser una riqueza para todos. ¿Vamos a abandonar definitivamente la discriminación, el racismo y la violación de los derechos de los pueblos indígenas? ¿Cuándo dejaremos de engañarlos, pisotear su dignidad y burdamente aprovecharnos de sus necesidades para fines políticos o electorales? ¿En una patria nueva habrá políticas públicas y marcos legales acordes a las realidades culturales? ¿Habrá planes de desarrollo con la real participación de los pueblos Indígenas? ¿Cuándo se les permitirá  desarrollar sistemas educativos según su cultura? ¿Cuándo alcanzarán una participación activa en la conducción del país?  ¿Apuntamos en nuestro país 
realmente al bien común de todos?
A nuestra Iglesia y a todos los cristianos, invito a dejarnos contagiar por las riquezas espirituales de los pueblos indígenas, por su profundo conocimiento de Dios y su fe. Que aprendamos de su ejemplo de una convivencia armoniosa en su hábitat, de su capacidad de hacer alianzas y de su solidaridad, de su fidelidad en la lucha por las reivindicaciones territoriales y su resistencia. Que nos dejemos impregnar por su sencillez y alegría. Me pregunto: ¿Habrá en nuestra Iglesia lugar para que como Iglesias autóctonas pueden compartir sus pensamientos teológicos, su fe y su modo de celebrarla y  enriquecer así nuestra vida eclesial?
A Ustedes, nuestros hermanos Indígenas, les invito y exhorto a que busquen por todos los medios mantenerse unidos, que no se dejen corromper ni por  el dinero, ni por el afán de poder, ni por el egoísmo, que fortalezcan su identidad cultural,  profundicen su fe y sus valores espirituales. Esto necesitan para sobrevivir y fortalecer sus comunidades y es algo muy importante que pueden aportar a nuestra Iglesia y a la sociedad, por su experiencia de respeto a la vida, a la naturaleza, su fe en Dios y su convivencia fraterna.
La Palabra de Dios, en medio de tantos desafíos en nuestra sociedad y  en nuestra Iglesia, en medio de un sueño por un mundo mejor, en medio del deseo de llegar de verdad a una evangelización nueva que nos lleve a una conversión pastoral radical, la Palabra de Dios de hoy, por un lado nos anima, nos anuncia que el Señor vendrá establecer su plan de salvación y a instruirnos para que caminemos por sus caminos y alcancemos la salvación, por otro lado nos invita  e insiste a abandonar la oscuridad de la falsedad y del engaño, de la corrupción y de la injusticia y a caminar como Hijos de la Luz, del Amor, de la Fraternidad y de la Solidaridad; en el Evangelio nos exhorta a estar vigilantes, preparados para recibir al Señor en nuestras vidas, dispuestos a cambiar y a renovarnos. 
Nuestros esfuerzos por renovar nuestra Iglesia y nuestra patria, en vísperas de celebrar el Bicentenario de la Independencia, sólo tendrán sus frutos si nos dejamos invadir por la fuerza renovadora del Espíritu de Dios. Si de verdad el Espíritu de Dios nos mueve:
* Aceptaremos que nosotros, todos somos gestores responsables de nuestro futuro. Todos juntos reflexionaremos sobre el país que queremos, la Iglesia que anhelamos, la familia que soñamos y definiremos unidos, el rumbo y los caminos a seguir.
* Dejaremos de lado el fatalismo, el desánimo, la inoperancia y vamos a recuperar nuestra justa esperanza en un país mejor.
* Juntos, nos haremos defensores incansables  de la vida, de la dignidad humana especialmente de los marginados y pobres,  defensores de la paz entre todos los hombres.
* Nos convertiremos a Dios, el autor de nuestra vida, redescubriremos su amor, renovaremos nuestra amistad con El y en su nombre, inspirados por Él, construiremos una Iglesia renovada y una patria nueva.
María, nuestra Madre, la Madre de Dios, Madre de la Esperanza, nos anima y ayuda a dejarnos llenar del Espíritu Santo a lanzarnos a una nueva evangelización y ser como ella cooperadores del Señor en su plan de salvación, que ella nos bendiga y nos ayude en el año 2.011, a emprender llenos de esperanza nuestro camino hacia la renovación de nuestra Iglesia, de nuestro país y de toda nuestra vida. Amen

Monseñor Lucio Alfert

Obispo de Vicariato Apostólico del Pilcomayo

MISA DE CAACUPE – INDÍGENAS – 28.11.2010

 

 

 

 

 

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