Reflexiones

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Jueves, 29 de Septiembre de 2016
 

HACIA UNA MISION EN RECIPROCIDAD

Margot Bremer
 

Volviendo a la Sabiduría

1. El conocido antropólogo ecuatoriano Patricio Guerrero da mucha importancia a la recuperación de la sabiduría ancestral que fue aplastada por la razón occidental la que invadió y conquistó las tierras de nuestro Continente Abya Yala construyendo  ciudades al modelo español, hoy muchas veces sustituido por el estilo norteamericano.. Patricio recomienda llegar a una síntesis entre ambas dimensiones humanas, aparentemente opuestas. Lo sintetiza en una palabra nueva “corazonar” que implica reaprender a pensar con el corazón y sentir con la razón:“Hoy sabemos que existimos, no solo porque pensamos, sino porque sentimos, porque tenemos capacidad de amar; por ello, hoy se trata de recuperar la sensibilidad de abrir espacios para la insurgencia de la ternura, que permita poner el corazón como principio de lo humano, sin que eso significa renunciar a la razón, pues lo que se trata, es de dar afectividad a la inteligencia….pues en la unidad de corazón y razón, está lo que nos constituye como seres humanos plenos”.

            2. También Ivone Gebara anuncia la necesidad de volver a la Sabiduría. Según ella debemos entrar en un proceso de deconstrucción y reconstrucción de los contenidos significativos, contenidos que no excluyen a los hombres y mujeres pero sí hay que buscar el sentido de la existencia humana junto con la existencia del planeta en “su increíble diversidad”. Además hace falta incluir utopías para la construcción de relaciones justas. Es necesario que la sabiduría que habita en todos nosotros/as, sea nuevamente reconocida y valorada. De esta manera, las tradiciones del pasado podrían entrar como sabidurías conquistadas y experimentadas en la medida que son capaces de contribuir a crear renovadas relaciones humanas, más justas y humanas. Se trata de una sabiduría de la vida que siempre es abierta e incluyente con todo aquello lo que hace crecer e interrelacionarnos con la vida. Esta clase de sabiduría no es jerárquica sino sumamente comunitaria. Termina diciendo Ivone: “Existen señales visibles de que muchos grupos y personas individualmente, están en busca de la sabiduría adormecida en nosotros y en nuestras tradiciones. Esa sabiduría nos hará un poco más libres de los conceptos que nos aprisionan, nos permitirá, tal vez, experimentar las delicias del viento y la suave brisa (cf. Elías y la teofanía, 1 Re 19,12); y el nacimiento de la igualdad y de la justicia brotando de nuestras propias entrañas” [1]

La sabiduría de cada uno/a siempre se comparte comunitariamente. A mi modo de ver, ella es el fundamento que hace posible la reciprocidad. De ahí se explica que la verdadera reciprocidad, así como lo entienden los pueblos indígenas solamente se puede vivir a partir de este sentido comunitario; nunca se pueda realizar en una sociedad jerarquizada o piramidal. Todos los pueblos indígenas viven con la convicción de que cada uno es “gente verdadera” o “pueblo verdadero”. ¿Será por ese modo de concebir la vida que ellos se están acercando a la verdadera percepción  de lo que es el ser humano?

 

La Vida, don de Dios, dada para la Reciprocidad

            Haciendo una relectura desde la nueva observación arriba mencionada, enfocamos con otra mirada a los mitos guaraníes que nos hablan de una visión de la Vida, distinta a la nuestra. Haremos aquí, desde lo que hemos observado anteriormente, una relectura. Vamos intentar de acercarnos al mito Ayvu Rapytá bajo el aspecto de la reciprocidad (Fundamento del lenguaje humano). Siempre nos llama la atención que lo primero que Ñamandu en su soledad hizo, “antes de existir la tierra, antes de conocerse las cosas”, que se engendrase “una pequeña porción de su propia divinidad, de la sabiduría contenida en ella, de su amor y un himno sagrado, el fundamento del lenguaje humano e hizo que formara parte de su propia divinidad (2). Y “habiendo creado, en su soledad, el fundamento del lenguaje humano, habiendo creado, en su soledad, una pequeña porción de amor, habiendo creado, en su soledad, un pequeño himno sagrado, reflexionó profundamente sobre a quién hacer partícipe” de todo eso. Y habiendo reflexionado profundamente….creó a los ñamandú de corazón grande; los creó con el reflejo de su sabiduría.

            Es el relato sagrado de la creación que comienza con la creación de la Palabra, el lenguaje humano, tomado de la misma divinidad reflejando algo de su amor, de su sabiduría y de su canto sagrado. Es la soledad del Creador la que provoca generar posibilidad de reciprocidad.  Dice el texto que Ñamandú creó entonces a los ñamandú pequeños; la similitud de nombres revela que se trata de un reflejo del Ñamandu grande, y los creó a “imagen y semejanza” suya buscando reciprocidad.

Este texto, tan denso y poético es extremamente difícil de interpretar desde nuestra óptica occidental, ya que está lleno de misterios para nosotros. Sin embargo, desde la perspectiva de la reciprocidad, fuertemente presente en el tekoha guaraní, voy a intentar interpretarlo, con el riesgo de equivocarme.

            Partimos de la afirmación conocida, que la dimensión de reciprocidad es el eje vertebral del concepto de vida y convivencia en el mundo guaraní. La palabra, el lenguaje humano, el medio más perfecto de comunicación para establecer  reciprocidad, ha sido creada de la misma sabiduría divina, como “pequeña porción” de ella y de su amor y canto sagrados, con que los chamanes renuevan el mundo. Además todos los seres vivos tienen para los guaraníes un canto; tanto los seres humanos, las plantas, los animales y hasta la misma tierra, Esto indica que todo ser creado es parte y reflejo de la sabiduría creadora, de su amor y de su canto divino, lo más íntimo de Ñamandu. Al portador de la lengua humana creó en su gran soledad en la comunidad de tres compañeros (irü) los que deben realizar entre sí la reciprocidad mediante la palabra, la que va a acabar con la soledad de su Creador. Con otras palabras: Dios busca la reciprocidad, por eso creó el mundo. Toda la tierra y toda vida creada en ella, debe entrar - mediante la palabra- en diálogo con su creador. Es el único camino y el más seguro, para poder asemejarse cada vez más al destino de cada criatura: ser una pequeña porción de su sabiduría, de su amor y de su canto divino la que quiere entrar en reciprocidad -de palabra y de dones- con su Autor.

A partir de este destino de toda la creación, la reciprocidad, toda la vida en esta tierra debe entrar en esa dinámica de interrelacionarse en una convivencia armónica en esta tierra. A nivel de trabajo (minga), de economía (jopoi), de tomar decisiones (en consenso), a nivel de la educación (el adulto aprende del niño), de convivencia familiar y de pareja, etc. Aquí entra el factor de la diversidad. La reciprocidad se realiza  en la diferencia de dones, productos, personas para enriquecerse mutuamente. En este orden creó Dios el mundo con sus criaturas. ¡Hasta el mismo Creador Ñamandu necesita de sus criaturas para satisfacer su soledad!

            Siempre volvemos a lo mismo: la reciprocidad es realizable en la medida en que hay sentido comunitario, es esencial para toda la vida en esta tierra. Hoy hablamos en el mundo occidental de llegar al destino de la comunidad cósmica. El sentido comunitario dentro de la diversidad es la matriz última de toda sabiduría.

 

Sabiduría de ser Misioneros en Reciprocidad

            Todo el mundo confirma que en Aparecida sopló un viento nuevo. Su tema principal fue la misión, enfocada desde las nuevas perspectivas y exigencias que nos impone la realidad latinoamericana.

En Aparecida, constata Eleazar López había presente un gran sentido comunitario según el mismo parecer de los obispos que han participado; “es el encuentro mismo de ellos actuando, de cara al pueblo, en Colegialidad y en Comunión con el Papa y toda la Iglesia universal”2. Y con el nuevo viento que sopla ahora en el cambio de épocas, también la misión tendrá un nuevo rostro. Ya no se dice más “misión ad gentes” sino “misión inter gentes” que incluye la posibilidad de reciprocidad. Pablo Suess expresa este cambio en la comprensión de la misión con estas palabras: “Hoy se vive cada vez más en la iglesia local una reciprocidad misionera inter gentes”3. Los destinatarios verdaderos de la misión del pueblo de Dios ya no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas, sino también entre los diferentes ámbitos socio-culturales. El ser misionero es constitutivo en el ser cristiano en todos los ámbitos de su vida. Todos somos misioneros y todos somos destinatarios de una Buena Nueva. Por eso es necesario que cambió nuestra visión de ser misioneros entre los pueblos indígenas.

“La vida es regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar” dice el DA (464). Los pueblos latinoamericanos se distinguen en toda su pobreza por su gran esperanza, una auténtica “esperanza contra toda esperanza” (Rom 4, 18). Y así lo vive la Iglesia latinoamericana que en Aparecida ha afirmado y reafirmado su postura contra toda clase de colonialismos en la construcción de su identidad latinoamericana. Y esta esperanza se mantiene, se renueva y recobra siempre nueva vida cuando se comparte en reciprocidad. Aparecida puso el acento sobre la Vida, basándose en la palabra de Jesús: “Yo he vendido para dar vida, y vida en abundancia” (Jn 10,10). Acerca de este gran tesoro latinoamericano Pablo Suess dice lo siguiente: “La misión de la esperanza es el permanente anuncio de la vida en un mundo en el cual la miseria no es accidente, sino producto de su organización social y de su civilización”. La esperanza da vida y todos queremos llegar a la plenitud de vida. El único camino nos reveló Jesús con su lógica del reino que él mismo vivió en su misterio pascual, una lógica que fue asumida por Aparecida: “la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad” (DA 360/61). La reciprocidad se realiza en un dar y recibir vida que se renueva mediante el intercambio de esperanzas: es nuestra misión en el sentido más amplio.

 

El Diálogo interreligioso como Fundamentación teológica para la Reciprocidad

            Si buscamos un fundamento teológico para la misión en reciprocidad, debemos tener en cuenta que hacer teología consiste esencialmente en PERCIBIR LA LÓGICA DEL ACTUAR DE DIOS (Gustavo Baena). Hoy día vivimos en una aldea global que impulsa a la Iglesia más que nunca al ecumenismo, en sus formas micro y macro. El gran cambio de mentalidad en el trabajo ecuménico es ahora la visión de construir la unidad en la diversidad. Unidad significa hoy la convivencia fraterna a nivel humano en la diversidad de culturas, religiones, cosmovisiones, que incluye también el cosmos.

El fundamento teológico de esta unidad es la creación de todo ser humano según la imagen y semejanza del Dios Creador.  Él mismo es comunidad en la diversidad Padre, Hijo y Espíritu Santo, sin ninguna estructura jerárquica, sino totalmente comunitaria, en igualdad de status en la relación. Esta visión protege a las personas de diferentes culturas y religiones contra cualquier discriminación. Dentro de nuestra diversidad, todos somos sujetos, constructores de “una nueva historia que se va dibujando en la actualidad latinoamericana y caribeña. Esta nueva realidad se basa en relaciones interculturales donde la diversidad no significa amenaza, no justifica jerarquías de poder de unos sobre otros, sino diálogo desde visiones culturales diferentes, de celebración, de interrelación y de reavivamiento de la esperanza” (DA 97). La reciprocidad en nuestra misión con otras culturas y religiones, se realiza únicamente a través del diálogo intercultural-interreligioso4. Aparecida retoma lo dicho ya en Sto. Domingo: “La Iglesia defiende los auténticos valores culturales de todos los pueblos, especialmente de los oprimidos, indefensos, marginados…” (SD 243, DA 532).

            Los pueblos indígenas chaqueños a lo largo de los miles de años de construir y vivir su cultura en este territorio, se han hecho expertos en relacionarse con todo lo que les rodea conformando una gran red de interrelaciones. Esta adquisición cultural expresa una extraordinaria sabiduría.

Hoy es la misma globalización en el mundo occidental la que nos acerca a esta sabiduría. La globalización nos transmite actualmente conocimientos de los más diversos lados, ya “ningún conocimiento es completamente autónomo” (DA 124). Tampoco el conocimiento religioso es autónomo, ya que depende de mediaciones  históricas, sociales, culturales, económicas, políticas, etc. que condicionan la comprensión de la experiencia religiosa y la práctica de la fe. Estas mediaciones posibilitan formas de diálogo interdisciplinarias e interpersonales (con diálogo ad intra). Dice Pablo Suess que “en ese diálogo amplio de comprensiones incompletas e históricamente situadas, de los misterios divinos y humanos, se inserta el diálogo interreligioso. Teológicamente comprendido, el diálogo interreligioso no es instrumento para construir la verdad, sino para aproximarse con y más allá de Jesús de Nazaret. La aproximación intercultural, interreligiosa, intereclesial, e interdisciplinaria a nivel comunitario, a los misterios de la vida y de la fe, es más profunda y abarcadora que una aproximación solitaria y cerrada dentro de una sola religión, cultura, disciplina, iglesia, etc. NINGÚN GRUPO HUMANO PUEDE AFIRMAR QUE TIENE ACCESO A LA TOTALIDAD DE LA VERDAD.”5

            Aparecida habla de la “gracia del diálogo” (DA 238) y lo sitúa en la convicción de cada participante de que tenga una comprensión incompleta de la propia fe. Solamente esta postura en un diálogo interreligioso hace posible una misión en reciprocidad. El cristiano católico, siendo misionero, se identificará fácilmente con la Iglesia latinoamericana en lo que ha pronunciado claramente en Aparecida, diciendo “por el soplo del Espíritu Santo y otros medios de Dios conocidos, la gracia de Cristo puede alcanzar a todos los que él redimió, más allá de la comunidad eclesial” (DA 236). Ningún interlocutor, al practicar el diálogo en forma de reciprocidad, podrá negar la confesión de su propia fe y su anuncio. Este anuncio hace parte de la necesidad de hablar de aquello que da sentido a nuestra vida y que nos hace crecer. Aparecida dice claramente que el diálogo interreligioso no sustituye la misión ni el anuncio (DA 238), pero la misión exige el diálogo y el diálogo exige “la sabia articulación entre el anuncio y el diálogo como elementos constitutivos de la evangelización” (DA 237). El papel del dialogo interreligioso está redefinido en Aparecida de la siguiente manera:

“El diálogo interreligioso…tiene un especial significado en la construcción de la nueva humanidad: abre caminos inéditos de testimonio cristiano, promueve la libertad y dignidad de los pueblos, estimula la colaboración por el bien común, supera la violencia motivada por actitudes religiosas fundamentalistas, educa a la paz y a la convivencia ciudadana” (DA 239). Es la forma más perfecta de vivir la reciprocidad en palabras y hechos.

 

Conclusión

            Para comenzar a practicar nuestra misión bajo el aspecto de la reciprocidad en la vida diaria, es bueno recordar los consejos del Documento Diálogo y Misión de 1984. Allí mencionan diferentes formas de Diálogo interreligioso que se extienden a todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.

El diálogo de la vida

Personas de distintas religiones se esfuerzan a vivir con un espíritu de apertura y de buena vecindad, compartiendo sus alegrías, penas, problemas y preocupaciones.

El diálogo de las obras

Comunidades religiosas de distintas tradiciones colaboran en el desarrollo integral de su pueblo y en la liberación de los pobres.

El diálogo de intercambios teológicos

Personas inquietas y cuestionadoras tratan a nivel teológico a profundizar en la comprensión de las herencias religiosas que cada uno ha recibido en su religión mediante el diálogo para apreciar mutuamente los valores espirituales de cada uno.

El diálogo de la experiencia religiosa

Las personas de diferentes tradiciones religiosas comparten sus riquezas espirituales en el diálogo como: oración, contemplación, fe, caminos de búsqueda de Dios, etc.

 

Si creemos verdaderamente que estamos hechos a “imagen y semejanza de Dios” hay que preguntarse: ¿según cuál imagen de Dios? Hoy creemos en un Dios comunitario, y siendo creados a esta imagen, el sentido comunitario es constitutivo para todo ser creado y debe tender a la convergencia hacia la comunidad cósmica. Teológicamente se habla hoy de la creación como “extensión de Dios”. Esta nueva comprensión nos acerca a la concepción de la creación en el mito guaraní del Ayvu Rapytá. También los pueblos indígenas del Chaco nos aportan con su gran sabiduría de la interrelación, que estamos caminando todos y ojala juntos, hacia el destino de esta tierra según el Proyecto creacional del único Dios             que hay, Creador del cielo y de la tierra.

 

 



[1] Ivone Gebara, Entre los límites de la filosofía y la teología feminista, en: ALTERNATIVAS, año 10, Nr. 26, Managua/Nicaragua, 2004, pp. 56/57

2 Eleazar López, Aparecida y los Indígenas, en: Aparecida, renacer de una Esperanza, Amerindia, 2007, p.141

3 Pablo Suess, Misión, el paradigma –síntesis de Aparecida, Amerindia 2007, p.199

4 Es iluminar lo que dice en este contexto Aparecida respecto a los afroamericanos: “Conocer los valores culturales y tradiciones de los afroamericanos, entrar en diálogo fraterno y respetuoso con ellos, es un paso importante en la misión evangelizadora…La Iglesia apoya el diálogo entre cultura negra y fe cristiana….habrá de ayudara que las heridas culturales injustamente sufridas en la la historia afroamericana, no absorben ni paralicen desde dentro, el dinamismo de su personalidad humana, de su identidad étnica, de su memoria cultural, de su desarrollo social en los nuevos escenarios que se presentan” (DA 533)

5 Pablo Suess: Ecumenismo y Diálogo interreligioso, en: Aparecida, renacer de una Esperanza, Amerindia 2007, p.281

 

 

 

 

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